Aprendizajes

Entre el caos semántico y el tejido democrático: la facilitación al servicio de los datos. Una conversación con Diego Arredondo Ortiz

25/mayo/2026 por Nadia Nadesan & Olivier Schulbaum
Diego Arredondo Ortiz
Nadia Nadesan

Nadia Nadesan

Coordinadora de Proyectos Europeos

Es una investigadora de UX, facilitadora de diseño y gestora de proyectos en la Fundación Platoniq que trabaja en la intersección de la Justicia de Diseño y las tecnologías abiertas. Soy miembro fundador de Design Justice Mediterránea y promuevo una agenda hacia la tecnología que incorpora la justicia y prioriza el impacto.

Olivier Schulbaum

Olivier Schulbaum

Co-fundador de la Fundación Platoniq

Emprendedor Social, fundador de la plataforma de financiacíon colaborativa ética Goteo. Trabajo como consultor en numerosas organizaciones nacionales y extranjeras aplicando mis conocimientos y amplia experiencia en diseño y desarrollo de metodologías ágiles y herramientas open source para la innovación social digital. Desde el 2001 llevo a cabo acciones y proyectos en los que los usos sociales de las Tecnologías de la Información y la Comunicación y el trabajo en red son aplicados al fomento de la comunicación, la autoformación y la organización ciudadana. Miembro del Patronato de la fundación Ciudadana Civio.

En Platoniq interpreto las necesidades de nuestros socios teniendo en cuenta los nuevos retos sociales, las oportunidades y los paradigmas tecnológicos. Llevo a cabo proyectos desde 2001, en los que se aplican los usos sociales de las TIC y las redes distribuidas para mejorar la comunicación, la autoformación, el emprendimiento social y la organización ciudadana. Mis trabajos con Platoniq se han presentado en congresos de innovación y festivales de cultura digital y se han puesto en marcha en organizaciones como la cooperativa vasca Mondragón y en varios espacios educativos de Europa, Asia y América Latina.

Diego Arredondo Ortiz lleva más de una década moviéndose entre las asambleas de base, la tecnología cívica, la organización política y la investigación interdisciplinaria. Su trayectoria comenzó en México a través de las asambleas en red y la experiencia de Wiki Partido y Wiki Política, donde formas experimentales de organización democrática llegaron de forma inesperada a la política institucional gracias a una exitosa campaña electoral local. Más tarde, su trabajo se orientó cada vez más hacia el ámbito académico, los métodos digitales y la visualización de datos, sin dejar de mantener una estrecha relación con las cuestiones de la organización colectiva y la participación democrática.

Facilitar, en el “mundo” de Diego, no es simplemente moderar una reunión o administrar una plataforma. Es cuidar las condiciones relacionales, emocionales e infraestructurales que permiten que la participación se produzca a través de realidades fragmentadas, tanto en línea como fuera de línea. Así, la facilitación tiene menos que ver con gestionar la participación que con acompañar las voces, las tensiones y las ideas inconclusas a medida que se mueven a través de plataformas, asambleas e infraestructuras. Significa caminar junto a los procesos en lugar de dirigirlos desde arriba, prestando atención a quienes no pueden, no quieren o simplemente nunca entrarán en los sistemas digitales, y encontrando formas de que sus ideas viajen de todos modos.

Trasladar las ideas al entorno digital, no a las personas

Una de las ideas más acertadas de Diego es que siempre habrá personas que no se adentren en «lo digital», ya sea por falta de acceso, de interés, por la distancia cultural, por el nivel de alfabetización o por elección propia. En las comunidades rurales de Jalisco, recuerda cómo incluso pedir a los participantes una dirección de correo electrónico podía convertirse en un obstáculo. En esos contextos, la propia metáfora de la plataforma suele tener poco sentido. En lugar de considerar esto como un fallo que hay que corregir, Diego propone renunciar a la ambición de llevar a todo el mundo a Internet. El objetivo, en cambio, pasa a ser llevar las ideas a Internet, no a las personas.

En algún momento tendremos que dejar de lado el esfuerzo por llevar a las personas a Internet y centrarnos, en cambio, en llevar sus ideas a la red. 

Esto requiere infraestructuras híbridas de traducción. «No podemos permitir que lo que ocurre en la plataforma y lo que ocurre en los espacios físicos se conviertan en procesos desconectados». Los formularios de propuestas de plataformas participativas como Decidim pueden coexistir en papel. Los testimonios orales pueden transcribirse mediante sistemas de grabación de audio. Las notas manuscritas pueden incorporarse a archivos digitales mediante modelos de reconocimiento óptico de caracteres (OCR), capaces de leer y digitalizar notas manuscritas, páginas escaneadas y documentos fotografiados. En algunas asambleas, los micrófonos se activan solo en momentos acordados, lo que permite a los participantes negociar colectivamente el consentimiento en torno a la grabación y la transcripción. La facilitación, en este contexto, se convierte en la labor de trasladar ideas entre distintos medios, respetando al mismo tiempo las realidades desiguales en las que se produce la participación. 

La cuestión no es simplemente cómo digitalizar la participación, sino cómo acompañar las diferentes formas de presencia sin forzarlas a un único canal. Es posible que algunos participantes nunca aparezcan en la pantalla. Otros pueden permanecer activos únicamente a través de vecinos, facilitadores, grabaciones o resúmenes traducidos. La participación, por lo tanto, se distribuye entre personas, infraestructuras y actos de mediación, en lugar de limitarse únicamente a la interacción directa en la plataforma.

A lo largo de estas experiencias, Diego se interesó por la detección de estructuras de significado emergentes. Al principio, esto se materializó en proyectos de análisis de redes y visualización de redes sociales en Signa_Lab ITESO, en Guadalajara. Los grandes gráficos de redes podían revelar quién estaba conectado con quién, quién amplificaba qué hashtag o cómo se agrupaban públicos polarizados en torno a acontecimientos políticos. Sin embargo, algo quedaba sin resolver. Las visualizaciones solían ser «grandes» y «bonitas», pero frustrantemente pobres a la hora de interpretar el significado en sí.. Se podía ver la interacción, pero no necesariamente entender lo que realmente se estaba diciendo.

Los “embeddings” como herramientas de facilitación

El interés de Diego por los embeddings, como formas de navegar lo que él denomina el «caos semántico colectivo» producido por la participación, surge precisamente de un problema de facilitación: cómo pasar de la intensidad de la militancia sobre el terreno a la abstracción del análisis de redes a gran escala sin perder a la gente por el camino. Las visualizaciones tradicionales le ofrecían mapas espectaculares de las interacciones en Twitter, pero seguían siendo limitadas a la hora de comprender realmente qué se estaba diciendo y qué preocupaciones colectivas estaban emergiendo. 

Lo que me interesa de esta técnica es aplanar todo y ver qué surge dentro del espacio semántico.

Para Diego, los embeddings ofrecen una forma posible de orientarse dentro de esta complejidad. Permiten colocar temporalmente las propuestas sobre un mismo terreno semántico y observar qué temas, tensiones y preocupaciones colectivas comienzan a emerger en el paisaje participativo. En lugar de encasillar las contribuciones en categorías administrativas predefinidas, estos sistemas intentan sacar a la luz proximidades temáticas emergentes, permitiendo que las ideas, las preocupaciones, los afectos y los conflictos se agrupen a través de la afinidad semántica en lugar del diseño institucional.

Para los facilitadores, esto es importante porque cambia lo que pueden llevar de vuelta a la sala. En lugar de informar únicamente sobre «quién es central» en una red, se puede regresar con grupos de ideas, preocupaciones recurrentes y frases resonantes que se extienden a través de plataformas y momentos. En los procesos híbridos, donde los hilos digitales, las reuniones físicas, los grupos de mensajería y las conversaciones de pasillo forman un ensamblaje cambiante de cuerpos, herramientas y normas (Deleuze y Guattari, 1987), las incrustaciones pueden ayudar a rastrear conexiones que, de otro modo, serían invisibles para cualquier participante individual. Sin embargo, Diego es cauteloso: estos mapas nunca sustituyen a la lectura situada o a la facilitación; son sugerencias, no veredictos.

Es precisamente desde esta perspectiva desde la que Diego abordó más de ocho años de actividad participativa en Decidim Barcelona. Aplicando técnicas de agrupamiento semántico a más de 31 000 propuestas ciudadanas presentadas entre 2016 y 2024, utilizó BERTopic junto con un modelo lingüístico catalán ajustado para identificar veinte constelaciones temáticas recurrentes que abarcaban diferentes ciclos participativos, desde la efervescencia inicial en torno al Plan de Acción Municipal hasta los procesos de presupuesto participativo que se intensificaron durante y después de la pandemia.

Ciertos temas reaparecían de forma persistente, independientemente del formato, el ciclo institucional o el tipo de consulta. La vivienda, los carriles bici, el transporte público, el espacio público y el bienestar animal reaparecían repetidamente en el panorama semántico de la plataforma. Lo que surgió no fue simplemente una colección de demandas aisladas, sino un ritmo cívico más amplio a través del cual la ciudad negocia continuamente la movilidad, la asequibilidad, la atención, la convivencia y la transición ecológica.

La plataforma deja de parecerse a un mero repositorio de propuestas para convertirse en un reflejo semántico del metabolismo urbano de Barcelona. La participación no se presenta como una sucesión de consultas inconexas, sino como un proceso continuo a través del cual los públicos urbanos articulan repetidamente tensiones sin resolver en torno al espacio, las infraestructuras, la visibilidad y la vida cotidiana.

La recurrencia de temas como la vivienda y la movilidad también pone de manifiesto cómo las plataformas de participación digital se entrelazan con la geografía política de la propia ciudad. Los carriles bici no son meras propuestas de transporte. Son negociaciones sobre el espacio viario, la transición medioambiental, la accesibilidad, el turismo y los imaginarios contrapuestos del movimiento urbano. Del mismo modo, los debates sobre el bienestar animal apuntan hacia geografías morales y afectivas arraigadas en los parques, los barrios, la vida doméstica y el espacio público.

Lo que le interesa a Diego es precisamente esta capacidad de moverse entre escalas. Aplanar miles de propuestas en un terreno semántico compartido, al tiempo que se permite que los patrones, las fricciones y las obsesiones cívicas surjan colectivamente con el tiempo.

Ponerlo todo en pie de igualdad y dejar que el peso que la gente le da a cada tema surja a partir de ahí.

Lo que Diego describe técnicamente como «aplanamiento de las jerarquías ontológicas» se plantea en esta conversación en términos más concretos. En ambas formulaciones, el objetivo es similar: alejarse de las taxonomías institucionales rígidas y avanzar hacia constelaciones semánticas capaces de revelar patrones que surgen colectivamente de la propia participación. Las incrustaciones cobran importancia aquí porque permiten que textos, imágenes, sonidos y materiales multimodales coexistan dentro del mismo espacio semántico latente. Las ideas aparecen próximas entre sí no porque un moderador las haya categorizado manualmente, sino porque los patrones surgen a través de las relaciones dentro de los propios datos.

Para Diego, esto cambia lo que se puede llevar de vuelta al debate colectivo. En lugar de limitarse a mostrar quién ocupa posiciones centrales en una red, los facilitadores pueden volver con preocupaciones recurrentes, frases resonantes, agrupaciones temáticas y puentes conceptuales inesperados que trascienden reuniones, plataformas, barrios y momentos en el tiempo.

No debemos delegar la producción de significado a la máquina.

Sin embargo, estos sistemas nunca son espejos neutrales. Diego insiste repetidamente en que el modelado de temas y la agrupación semántica implican decisiones políticas a todos los niveles. Trabajar con modelos preentrenados siempre significa heredar decisiones tomadas en otros lugares sobre los datos de entrenamiento, las normas lingüísticas, las licencias y las visiones del mundo. Su preferencia por los modelos de infraestructura digital pública, como los desarrollados por el Centro de Supercomputación de Barcelona, refleja una preocupación más amplia por la soberanía, la transparencia y la propiedad colectiva de las infraestructuras tecnológicas. El uso de un modelo catalán ajustado, por ejemplo, se convierte en algo más que una optimización técnica. Se convierte en parte de un esfuerzo más amplio por preservar la especificidad cultural y la pluralidad lingüística dentro de los sistemas computacionales.

Las sombras de la participación

Las reflexiones de Diego sobre la agrupación semántica revelan también otra capa de exclusión. Al utilizar BERTopic junto con métodos de agrupación más estrictos, como HDBScan (algoritmo para agrupaciones de datos con formas irregulares y densidades variables), muchas propuestas quedan fuera de agrupaciones semánticas estables. Estos valores atípicos pueden parecer ruido estadístico, pero también pueden revelar experiencias marginales, demandas aisladas o formas de expresión que no se repiten con la frecuencia suficiente como para resultar legibles desde el punto de vista computacional.

En lugar de descartar estos espacios residuales, Diego sugiere que pueden constituir «sombras de participación». Rastros de comunidades, experiencias, territorios o lenguajes políticos que siguen siendo estructuralmente difíciles de clasificar. En ausencia de datos sociodemográficos compartidos voluntariamente, la exclusión a menudo solo se hace visible de forma indirecta, a través de patrones territoriales, redes de interacción o ausencias semánticas. Ciertos barrios permanecen repetidamente al margen de los conjuntos de datos de participación. Ciertas formas de expresión parecen desconectadas de los clústeres temáticos dominantes. Algunas propuestas circulan brevemente antes de desaparecer en lo que los algoritmos clasifican como irrelevante.

Esto cobra especial importancia porque el propio modelado semántico puede ser objeto de manipulación política. Diego advierte de que el análisis temático puede convertirse fácilmente en un mecanismo de «limpieza semántica» cuando se lleva a cabo a puerta cerrada. Se pueden seguir ajustando los parámetros de agrupación hasta que los temas conflictivos o políticamente incómodos se disuelvan en categorías más amplias y aceptables. Tal y como él lo describe, es posible seguir «girando la ruleta» hasta que el mapa resultante parezca políticamente inofensivo.

Por esta razón, insiste en la transparencia, la replicabilidad y el escrutinio colectivo de las decisiones metodológicas. La cuestión política no es solo si los sistemas de IA funcionan con precisión, sino quién decide qué se considera coherencia, relevancia, ruido o consenso.

Diseñar conjuntos, no solo plataformas

Para Diego, la participación nunca se reduce a una simple plataforma. Es un conjunto compuesto por encuentros, interfaces, recuerdos, chats, facilitadores, infraestructuras, grabaciones, silencios, instituciones, cuerpos y conflictos que se reconfiguran constantemente entre sí. La facilitación inclusiva implica, por tanto, moverse entre distintos niveles, traducir los debates presenciales en registros digitales y, al mismo tiempo, sintetizar los debates digitales en formas que cobren sentido en los espacios físicos. Implica darse cuenta de quién desaparece en cada nivel. El vecino que está activo en WhatsApp pero ausente de la plataforma. El participante que habla en las asambleas pero nunca aparece en los conjuntos de datos. Los temas que se vuelven estadísticamente marginales a pesar de tener una profunda urgencia política.

A Diego le interesan menos los espectaculares paneles de datos que la creación de imágenes, mapas y visualizaciones en las que las personas puedan reconocerse. Mapas donde los participantes identifiquen sus propios barrios. Constelaciones temáticas que hagan visibles luchas ya familiares para las comunidades. Visualizaciones semánticas que resulten intuitivas en lugar de alienantes. La facilitación, en este caso, implica acompañar la manera en que estas visualizaciones regresan al debate colectivo, en lugar de asumir que proyectar un gráfico en una pared democratiza automáticamente la interpretación.

Democracia textual y expresión multimodal

Detrás de muchas de las observaciones de Diego se esconde una crítica a las propias infraestructuras democráticas centradas en el texto. Las interfaces, los sistemas de propuestas, las normas lingüísticas y las arquitecturas de las plataformas privilegian ciertas formas de alfabetización mientras excluyen otras. Los migrantes, las comunidades multilingües, las personas con niveles más bajos de educación formal y los participantes acostumbrados a culturas orales o performativas a menudo se topan con barreras mucho antes de entrar en el propio debate político. La cuestión no es simplemente el acceso digital. Se trata del acceso a la gramática expresiva integrada en los sistemas de participación.

Por esta razón, Diego se alinea con las prácticas de Platoniq de desarrollar formas de participación en las que los lenguajes ciudadanos (como el teatro, la poesía, el testimonio oral, el dibujo o la visualización física coexisten junto a la arquitectura técnica de los sistemas de democracia digital. Estas formas no se limitarían a ilustrar las propuestas a posteriori. Se convertirían en parte de la propia propuesta, funcionando como anexos enriquecidos capaces de transmitir experiencias que el texto administrativo por sí solo no puede captar plenamente.

Sus reflexiones guardan un estrecho vínculo con los enfoques de participación basados en las artes y multimodales que se han explorado a lo largo del proyecto INSPIRE, así como con la investigación de Platoniq sobre la experiencia política del usuario (PUX). La participación no es solo una cuestión de usabilidad de la interfaz. Se trata también de si los sistemas democráticos son capaces de reconocer las múltiples formas de expresar la experiencia política.

La elección de las infraestructuras como medida de facilitación

Otro aspecto de la facilitación en el trabajo de Diego reside en la elección de las infraestructuras a través de las cuales se gestiona la participación. Trabajar con modelos preentrenados siempre implica aceptar las decisiones de otros en materia de datos, licencias y objetivos. Para él, optar por modelos públicos o desarrollados colectivamente, en lugar de API corporativas opacas, forma parte de un compromiso más amplio con la soberanía y la interpretabilidad compartida.

Esta elección no es puramente técnica. Determina quién puede auditar el sistema, cómo se pueden explicar los resultados en las asambleas y si las comunidades podrían, con el tiempo, apropiarse de las propias herramientas. Decidir entre infraestructuras se convierte en un acto de facilitación porque afecta a la confianza, la legibilidad y la distribución del poder interpretativo.

Al mismo tiempo, Diego se muestra cauteloso ante la lógica extractiva que rodea a los datos en sí mismos. En lugar de avanzar sin cesar hacia una mayor captura, un mayor control y una mayor acumulación, se interesa cada vez más por revisar los archivos existentes. Los registros históricos, las colecciones de memoria y los documentos desclasificados sobre la represión en América Latina se convierten en espacios en los que el análisis asistido por IA podría ayudar a las comunidades a reflexionar colectivamente sobre historias sin resolver. La cuestión pasa de capturar más datos a reinterpretar los rastros heredados a través de formas de mediación tecnológica más responsables.

Facilitar a lo largo del tiempo

Detrás de todo esto hay una reflexión más amplia sobre el tiempo. Tras años de intensa militancia y organización política, Diego describe su vuelta a los estudios como una oportunidad para reducir el ritmo y procesar colectivamente lo ocurrido a lo largo de largas trayectorias de experimentación. Los sistemas de IA, los embeddings, las visualizaciones y los archivos se convierten en formas de facilitar conversaciones diferidas con el pasado.

En este sentido temporal, la facilitación va mucho más allá de los talleres individuales o los ciclos de consulta. Implica cuidar las condiciones que permiten que la participación siga siendo  legible y abierta a ser reinterpretada con el tiempo. Limpiar conjuntos de datos. Publicar cuadernos. Documentar las elecciones metodológicas. Negociar el consentimiento en torno a las grabaciones. Dejar rastros que otros puedan reinterpretar más adelante.

No siempre con la mirada puesta en recopilar más y más datos, sino deteniéndose un momento para mirar hacia atrás, al pasado.

Desde la perspectiva de Diego, la participación se sustenta no solo a través del diseño de interfaces, sino también mediante el trabajo continuo de traducción, mantenimiento, rendición de cuentas y reflexión colectiva en el terreno irregular que se extiende entre la vida analógica y la representación digital.

Entre el caos semántico y la malla democrática, persiste una tensión sin resolver. ¿Qué ocurre con las personas, las experiencias y los lenguajes políticos que nunca se estabilizan en un conjunto reconocible, pero que siguen insistiendo en ser escuchados?

Este artículo forma parte del Proyecto INSPIRE, una iniciativa de investigación de Horizonte Europa que explora la inclusión interseccional, la participación democrática y las infraestructuras participativas en los espacios digitales y físicos. Los lectores interesados en el contexto de investigación más amplio pueden consultar el informe Exploring the Intersection of E-Democracy Platforms, Urban Development Models, and Political Cultures (junio de 2025), que ofrece una base conceptual para entender las plataformas de participación digital como infraestructuras cívicas moldeadas por las culturas políticas, los ensamblajes urbanos y las lógicas espaciales.

Referencias

Segato, R. L. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.

Deleuze, G., & Guattari, F. (1987). A Thousand Plateaus: Capitalism and Schizophrenia. University of Minnesota Press.

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