Futuros

¿Qué hace la democracia en mi mochila? Aprendiendo a deliberar en escuelas e institutos

29/marzo/2025 por Fundación Platoniq
Taller en Barcelona
Fundación Platoniq

Fundación Platoniq

La Fundación Platoniq diseña procesos participativos digitales y facilita metodologías innovadoras de participación para contribuir a formar sociedades y organizaciones más democráticas y justas, haciendo uso de tecnologías cívicas abiertas.

Durante el curso 2024-2025, dos institutos de Madrid y Barcelona se convirtieron en espacios de experimentación democrática. En ellos, la Platoniq puso en marcha su Unidad Didáctica sobre Creatividad y Democracia, una propuesta educativa que busca reavivar el espíritu participativo de los más jóvenes y convertir las aulas en pequeños laboratorios de ciudadanía.

Una propuesta para repensar la educación cívica

Esta iniciativa, pensada para estudiantes de 4º de ESO y Bachillerato, propone un recorrido que combina historia, arte, debate, reflexión colectiva y comunicación digital. El objetivo: aprender a participar deliberando, crear opinando y construir juntos el futuro de la democracia.

La Unidad Didáctica se apoya en la experiencia acumulada de Platoniq en materia de participación y educación. En 2022, la entidad desarrolló para el Ministerio de Educación la guía “Cómo hacer Asambleas Deliberativas en escuelas e institutos”, un referente nacional para la educación en democracia. El proyecto también bebe de referentes internacionales. La dramaturga y activista Katy Rubin, creadora del método de Teatro Legislativo, ha formado a Platoniq en metodologías creativas para la deliberación. Por otro lado, Katie Reid, especialista británica en participación infantil, ha acompañado al equipo con su enfoque basado en los derechos de los niños y niñas a ser escuchados. “Involucrar a los menores en la toma de decisiones no es un gesto simbólico, es un derecho humano fundamental”, afirma en su entrevista publicada en Wilder Journal.

A partir de la convicción de que la democracia no se enseña solo con teoría, sino practicándola. Y frente a una creciente sensación de desconexión entre los jóvenes y la política, en Platoniq planteamos una alternativa educativa donde el aprendizaje pasa por la experimentación, la empatía y la creatividad colectiva.

“El alumnado suele asociar la política con algo lejano, aburrido o inalcanzable”, explica Cristian Palazzi, coordinador pedagógico de la Fundación. “Queríamos mostrarles que la democracia es algo que se vive cada día, en el aula, en su comunidad, en la forma en que dialogan y toman decisiones”.

La propuesta combina sesiones teóricas breves con ejercicios prácticos que introducen a los estudiantes en las herramientas reales de la participación ciudadana: las Asambleas Ciudadanas, los procesos deliberativos y los métodos de decisión colectiva.

¿Cómo? Tomando las conclusiones de la Asamblea Ciudadana del Clima en España (2021-2022), que reunió a 100 personas seleccionadas por sorteo para debatir sobre cómo afrontar la crisis climática y llegó a 172 recomendaciones. Usando este material como base, los estudiantes se sumergen en la historia y la práctica de la democracia deliberativa.

  • Aprender haciendo

Todo empieza con una dinámica creativa. A través de una performance de posicionamiento, los jóvenes expresan qué entienden por democracia, cómo se sienten respecto a la política y qué papel creen que deberían tener los jóvenes en la toma de decisiones. Este ejercicio inicial permite situar sus voces y romper con la idea de que la ciudadanía empieza a los 18 años.

Me di cuenta de que la democracia no es solo votar cada cuatro años, sino también escucharnos entre nosotros
Alumna del IES de Madrid

En la segunda sesión, los estudiantes redescubren los orígenes de la democracia, sus debates históricos y las diferentes formas de representación ciudadana. A través de mini-lecciones interactivas y pequeños quizzes, comparan sistemas antiguos y modernos, desde Atenas hasta las Asambleas Ciudadanas contemporáneas. Los profesores destacan cómo las herramientas visuales y lúdicas ayudan a interiorizar conceptos complejos. “Fue sorprendente ver cómo entendían enseguida la diferencia entre debate, diálogo y deliberación cuando lo experimentaban directamente”, comenta una docente del instituto de Barcelona.

Uno de los momentos más intensos de la experiencia es el juego de rol basado en la Asamblea Ciudadana del Clima. Cada grupo representa un rol: político, activista, ciudadano, trabajador, empresario o incluso un animal criado en una macrogranja. A partir de la recomendación 41 de la Asamblea, los grupos deben argumentar, persuadir y llegar a acuerdos. El resultado es un debate apasionado que combina razonamiento, emociones y creatividad.

“Yo tenía que defender al dueño de la macrogranja, aunque no estaba de acuerdo. Fue difícil, pero entendí mejor cómo piensan los demás”, compartió uno de los alumnos. Este tipo de dinámicas permite entender la diversidad de perspectivas y la necesidad de consensos, principios esenciales de toda democracia viva.

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En las últimas sesiones, la teoría se convierte en práctica. Los estudiantes organizan sus propias mini-asambleas ciudadanas, con roles de facilitadores, expertos y ciudadanos deliberantes. El tema: un reto ambiental o social elegido por el grupo. Después, aplican distintas técnicas de votación y consenso para decidir sus recomendaciones finales. La experiencia culmina con un ejercicio de comunicación creativa: los jóvenes traducen sus propuestas en formatos audiovisuales breves, especialmente TikToks, con el objetivo de difundir ideas de cambio entre sus pares.

Nunca pensé que TikTok pudiera servir para hablar de política
Alumna del instituto barcelonés

Más allá de las actividades, el verdadero valor de la experiencia radica en la transformación del clima educativo. Las aulas se convierten en espacios de confianza, escucha y construcción colectiva. Los estudiantes practican la empatía, la cooperación y el pensamiento crítico.

La dinámica final de co-diseño lleva esta lógica al propio entorno escolar: una asamblea de alumnos en la que los jóvenes deliberan sobre los principales problemas de su instituto. Convivencia, bienestar emocional, participación o sostenibilidad, son algunos de los temas que surgieron para ser debatidos.

El ejercicio no solo refuerza la idea de que la participación tiene consecuencias reales, sino que también involucra al profesorado en procesos de corresponsabilidad y gobernanza compartida. “Verlos debatir con respeto y ganas de mejorar su escuela fue muy emocionante. Es justo lo que debería ser la educación democrática”, afirmó una profesora de ética.

Esta experiencia no se limita a enseñar civismo, sino que propone una pedagogía del futuro donde la creatividad y la emoción se entrelazan con la educación política. Los talleres fortalecen competencias ciudadanas clave: el pensamiento crítico, la empatía, el respeto por la diversidad, la conciencia ecológica y la cooperación global. Además, promueven un aprendizaje situado: los estudiantes conectan los desafíos globales como el cambio climático o la salud mental con su propia vida cotidiana. Así, la escuela se convierte en un espacio de reflexión y acción que prepara a los jóvenes no solo para comprender el mundo, sino para transformarlo.

  • Una pedagogía del futuro: creatividad, afectos y ciudadanía

La experiencia en Madrid y Barcelona es solo un primer paso. Platoniq planea extender la Unidad Didáctica a más centros educativos durante 2025, acompañando al profesorado con materiales descargables: escaletas detalladas para cada sesión, presentaciones audiovisuales y guías para realizar Asambleas Deliberativas en el aula. El equipo de Platoniq busca consolidar una red de escuelas deliberativas que compartan buenas prácticas, resultados y aprendizajes. “Queremos que cada centro educativo tenga su propia asamblea de alumnos, que la democracia deje de ser una asignatura y se convierta en una experiencia cotidiana”, concluye Palazzi.

La Unidad Didáctica sobre Creatividad y Democracia demuestra que los jóvenes no son espectadores pasivos, sino actores políticos en formación. Cuando se les da voz y herramientas, responden con madurez, imaginación y sentido colectivo. La democracia del futuro se aprende participando, se fortalece escuchando y se reinventa creando.

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