Entrevistas
Erica Núñez y Gabriel Fernández Gil “Fuimos cien personas con buena voluntad que demostramos que se pueden alcanzar acuerdos por el clima”. Conversamos con ex-asambleístas de la Asamblea Estatal del Clima
Conversamos con Gabriel Fernández Gil y Erica Núñez, exasambleístas de la Asamblea Ciudadana para el Clima y miembros de la asociación creada tras su finalización.
¿Quiénes sois y cómo llegasteis a la Asamblea Ciudadana por el Clima?
Gabriel: Soy Gabriel Fernández Gil, fui asambleísta de la Asamblea Española para el Clima y ahora formo parte de la asociación que creamos varios participantes al terminar el proceso.
Erica: Mi nombre es Erica Núñez, soy de Galicia. También fui asambleísta y sigo implicada en la asociación que se constituyó después.
¿Cuál creéis que es el rol de las personas seleccionadas por sorteo en una asamblea ciudadana?
Erica: Para mí, nuestro papel es el de difundir lo que hicimos dentro: cómo trabajamos, las buenas prácticas medioambientales que aprendimos y las 172 recomendaciones que elaboramos. Son propuestas que abarcan todos los sectores y modos de vida, así que me identifico como una especie de “difusora” de ese trabajo colectivo.
Gabriel: También somos impulsores de esta experiencia deliberativa. Fuimos un poco “cobayas” ciudadanas, experimentando cómo deliberar juntos, y ahora nos toca contar qué funcionó, qué se puede mejorar y por qué merece la pena repetirlo.
¿Os consideráis un lobby ciudadano o un grupo de presión por la democracia participativa?
Gabriel: Ojalá tuviésemos los recursos para ser un lobby, pero preferimos otra forma de actuar. La palabra “lobby” tiene mala fama, se asocia al poder económico, y nosotros poder, precisamente, no tenemos.
Erica: Más que grupo de presión, somos personas con buena voluntad que con muy poco hicimos mucho. No tenemos nada que ver con un lobby económico ni ideológico. Nuestro trabajo fue y sigue siendo voluntario, y eso tiene mérito: sin financiación ni estructura, seguimos ahí, intentando mantener vivo el espíritu de la Asamblea.
¿Qué tipo de formación o apoyo creéis que necesitaríais para seguir contribuyendo a la misión de la Asamblea?
Gabriel: Durante la Asamblea recibimos una formación medioambiental excelente. Aprendimos datos que nos marcaron, como que el 40% de la ropa que se compra no llega a estrenarse. Eso te hace pensar y cambiar hábitos.
Erica: Sería muy útil formarnos también en cómo hacer llegar nuestras propuestas a las instituciones, cómo tener incidencia real. No para ser un lobby, sino para aprender a comunicarnos mejor y conseguir que nos escuchen.
¿En los procesos deliberativos se habla mucho de metodología, pero poco de emociones. ¿Qué papel jugaron las emociones en vuestra experiencia?
Erica: Tuvimos debates sanos, siempre con respeto. Cuando hablas entre iguales, sin jerarquías, desaparece esa tensión que a veces hay en otros espacios. Pero también hubo emociones intensas, como la rabia, que bien dirigida puede ser un motor muy útil.
Gabriel: Es verdad. La ansiedad por alcanzar consensos puede impulsarte o bloquearte, depende de cómo se gestione. Pero lo importante es que, a pesar de nuestras diferencias, conseguimos llegar a acuerdos. Cien personas de orígenes muy distintos poniéndose de acuerdo: eso demuestra que el modelo funciona.
La ansiedad por alcanzar consensos puede impulsarte o bloquearte, depende de cómo se gestione. Pero lo importante es que, a pesar de nuestras diferencias, conseguimos llegar a acuerdos.
¿Después de llegar a 172 recomendaciones, ¿qué retos encontrasteis al intentar comunicar o aplicar los resultados?
Gabriel: Los medios prácticamente no hablaron de nosotros. Durante la Asamblea se justificó la discreción para proteger nuestra independencia, pero una vez terminada, no hubo impulso institucional ni mediático.
Erica: Cuando presentamos las propuestas a ayuntamientos y comunidades autónomas, nos recibieron con educación, pero muchas veces fue algo simbólico. Escuchaban, asentían… y poco más. No hubo continuidad.
Gabriel: Nuestro reto principal ahora es subsistir. Sin financiación y con reuniones online, todo cuesta más. Pero seguimos, porque creemos que este trabajo voluntario tiene valor y demuestra que la participación ciudadana es posible.
¿Qué creéis que hace falta para que las instituciones y los medios escuchen más este tipo de iniciativas?
Erica: Voluntad política. Nosotros la tenemos de sobra, pero sin receptividad desde arriba, poco se puede hacer.
Gabriel: A veces da la sensación de que el cambio climático no interesa porque afecta al modelo productivo. Y ahí muchos prefieren no mirar. Cuando planteas que hay que compatibilizar las acciones climáticas con la economía, las respuestas suelen ser evasivas. Pero la realidad ya está aquí: huracanes, incendios, sequías. No actuar saldrá mucho más caro.
¿Algunas voces cuestionan la legitimidad de que solo 100 personas representen a toda la población. ¿Qué opináis?
Gabriel: La legitimidad no está en el número, sino en el proceso. Si las asambleas se repitieran regularmente, podrían evaluar y mejorar decisiones colectivas. Nosotros solo dimos el primer paso.
Erica: Fuimos elegidos para reflejar la diversidad de España: edades, territorios, economías, entornos rurales y urbanos. Nuestra legitimidad viene del conocimiento y del esfuerzo. Hicimos mucho con muy poco, y eso también da autoridad moral.
¿Cómo gestionasteis el equilibrio entre los problemas locales y los desafíos globales del cambio climático?
Erica: España es un país muy diverso. No es lo mismo Galicia que el Mediterráneo o Madrid. Pero si logramos soluciones locales exitosas, pueden ser ejemplos globales. Pontevedra, por ejemplo, es una ciudad caminable que inspira a muchas otras.
Gabriel: Yo siempre repito tres ideas: no degradar lo local, velar por la igualdad de oportunidades y formar a la población. Porque si la gente no conoce el problema, no puede actuar. La educación ambiental es la base de todo.
¿Cómo podríamos convencer a las generaciones más jóvenes de que participar vale la pena?
Erica: En las escuelas y los institutos debería practicarse el asamblearismo, no solo hablar de cambio climático. Debatir, tomar decisiones, tener expertos a quien preguntar… eso te hace consciente del poder que tienes como ciudadano.
Gabriel: Estoy de acuerdo. La democracia deliberativa se aprende desde pequeños. No basta con memorizar teoría: hay que experimentar la toma de decisiones colectivas. Las nuevas tecnologías pueden ayudar a formar grupos, compartir ideas y crear comunidad. Si aprendemos a deliberar desde jóvenes, tendremos una ciudadanía mucho más preparada para decidir en común.
Puedes consultar las recomendaciones surgidas de la asamblea, aquí
__
La entrevista tuvo lugar en el Foro sobre Deliberación, Creatividad y Democracia, durante los días 15 y 18 de Octubre de 2024, gracias al apoyo de la Open Society Foundation y la Diputació de Barcelona.