Aprendizajes
Facilitar la co-creación de agendas y políticas públicas con los afectados [ECD1_M2]
El segundo módulo de la Escuela de Creatividad y Democracia está enfocado a compender y facilitar la co-creación de agendas y políticas públicas con los afectados. Se adentra en un territorio donde las emociones no son un estorbo para la política, sino su combustible más potente. Aquí aprendemos que la participación política no se limita a actos racionales ni a mecanismos institucionales, sino que también se escribe en el cuerpo, se siente en la piel y se contagia con la mirada.
Afectos, dignidad y conflicto
El afecto, la dignidad y el conflicto, tradicionalmente relegados a la esfera privada, son en realidad fuerzas públicas, intensamente políticas y generadoras de cambio.
Desde el primer instante, se propone un giro radical: la facilitación como práctica de cuidado democrático. Facilitar no es moderar desde una distancia técnica, sino implicarse en el vínculo colectivo, escuchar lo no dicho, sostener el malestar sin neutralizarlo, y abrir espacios seguros donde todas las voces —especialmente las silenciadas— puedan brotar con fuerza.
Junto a Olivier Schulbaum, director estratégico de Platoniq, exploramos cómo los afectos, lejos de ser un residuo irracional, son la materia viva de la democracia. Olivier nos recuerda como Amber Huff afirma que “la noción misma de movimiento tiene que ver con la emoción”, y que toda transformación política nace de una vibración colectiva, de una rabia compartida, de un deseo que circula. Y también que Brian Massumi llevó esta idea más lejos: sentimos antes de pensar, y el poder actúa no tanto con argumentos como con modulaciones del ánimo. De allí que la creatividad y el movimiento sean herramientas políticas de primer orden.
Pero no todos los afectos movilizan emancipación. Alicia Valdés, con su “Política del malestar”, nos advierte que la represión histórica de las emociones asociadas a lo “femenino” ha abierto la puerta a su manipulación por discursos reaccionarios. Frente al cinismo tecnocrático, Valdés nos invita a repolitizar el deseo, colocar los afectos en el centro de la acción política y construir espacios donde el malestar colectivo encuentre cauces expresivos, no represivos.
A su vez, Cynthia Fleury nos muestra que una democracia que ignora la dignidad emocional de sus ciudadanos enferma. Las heridas no tratadas se manifiestan como desafección, resentimiento y fatiga cívica. Con su “Clínica de la dignidad”, nos desafía a tratar la democracia como un cuerpo colectivo que necesita cuidado, reconocimiento y reparación. No se trata solo de diseñar instituciones eficientes, sino de sanar vínculos rotos y rehacer sentidos compartidos.
Chantal Mouffe, por su parte, revuelve como nadie el mito del consenso. El antagonismo no es un fallo del sistema: es su energía vital. Reprimirlo genera desafección o lo transfiere a formas destructivas. Por eso, la política democrática debe canalizar pasiones, no extinguirlas. Y hacerlo desde lo cultural, lo educativo, lo simbólico: desde una democracia pluralista que abrace el conflicto como fuerza creativa.
la deliberación occidental —basada en racionalidades legibles— muchas veces excluye los lenguajes, memorias y formas de vida de pueblos indígenas y racializados
Pero si queremos ir más allá, no podemos quedarnos en Europa. De la mano de Azucena Morán, investigadora en el Instituto de Sostenibilidad de Potsdam, nos sumergimos en los vínculos entre innovaciones democráticas y colonialidad. Aprendimos que la deliberación occidental, basada en racionalidades legibles, muchas veces excluye los lenguajes, memorias y formas de vida de pueblos indígenas y racializados que sin cuestionar esta arquitectura epistémica, los procesos participativos pueden reproducir sin romper el poder colonial.
Morán nos lleva a pensar qué significa descolonizar la participación. No basta con incluir identidades como decorado diverso. Se trata de tomarse en serio las demandas de tierra, autonomía y justicia epistémica. De escuchar otras formas de gobernanza y no reemplazarlas con estructuras estatales impuestas. Y, sobre todo, de dejar de ser indiferentes ante la continuidad del colonialismo: lo contrario del afecto es la indiferencia.
En ese sentido, abordamos nuevas formas de diseñar la representación en procesos deliberativos. Discutimos estrategias como la colonización del algoritmo: programar la selección para que contemple intersecciones identitarias complejas, el sobremuestreo de grupos históricamente excluidos, y la evaluación continua de inclusión como principio metodológico. Porque la justicia democrática no es automática: hay que programarla, sostenerla, actualizarla constantemente.
Como ejemplo inspirador se propone la Global Assembly, una asamblea mundial celebrada digitalmente en el marco de la COP26, donde cien ciudadanos sorteados de todo el mundo deliberaron sobre el futuro del planeta. Más de 1.300 personas participaron en asambleas locales en 41 países. Y, sin embargo, lo que realmente encendió la deliberación fue la experiencia narrada por un minero. Su historia, y no sus datos, fue lo que movió al grupo. Así aprendemos que la participación se enciende desde la experiencia vivida, no desde el saber experto.
Formas clásicas (y creativas) de participar en políticas públicas: el teatro legislativo
Por otro lado, Katy Rubin, experta en participación ciudadana y fundadora de Theatre of the Oppressed NYC, propone otra forma de situar los sentimientos, los afectos y la dignidad en el centro de los procesos deliberativos: El Teatro Legislativo. El Teatro Legislativo, derivado del Teatro del Oprimido de Augusto Boal, es un proceso de participación democrática en el que las comunidades directamente afectadas por políticas injustas o ineficaces crean una obra basada en sus propias experiencias. Una metodología que ayuda a identificar problemas y a imaginar en colaboración posibles políticas públicas para mejorar la situación.
- ¿Qué problema queremos representar?
- ¿Quiénes son los actores implicados?
- ¿Qué le falta a la escena para convertir la opresión en oportunidad?
El Teatro Legislativo trata de transformar las normas impuestas, específicamente las políticas públicas, basándose en la creencia de que las comunidades directamente afectadas por un problema son las más indicadas para tener voz y voto al respecto. También fomenta un espacio para la imaginación colectiva y la reflexión activa, que da lugar a políticas públicas reales y eficaces, como ha ocurrido en diversas partes del mundo.
Elaboración de un proceso de participación ciudadano. Paso 2 : Guionización de problema social
En este viaje de emociones, conflicto y representación, concluimos el módulo con un desafío tan político como poético: escribir en grupo un guión que escenifique un problema social y proponga una política pública transformadora. Los temas son tan diversos como urgentes: acceso a la vivienda, migraciones, justicia climática, salud mental, democracia en las aulas o temporalidades profundas. No se trata de solo un ejercicio teatral: sino de un acto de imaginación radical, una práctica de diseño democrático desde el cuerpo, la palabra y el vínculo.
Este segundo módulo nos deja con nuevas herramientas para mirar y habitar el conflicto. Facilitar es cuidar, deliberar es conmover, y crear políticas públicas es también reencantar lo común desde los márgenes. Si algo queda claro, es que no hay participación sin afecto, ni democracia sin dignidad.