Durante el Commons Convergence Retreat, coorganizado por el grupo Convergence of Commoners, liderado por David Bollier, Director del Reinventing the Commons Program en el Schumacher Center for a New Economics, y la Fundación Platoniq, en colaboración con el proyecto INSPIRE, nos reunimos para explorar las posibilidades y desafíos de los comunes digitales, la democracia de datos y el activismo creativo. A través de debates, metodologías experimentales y reflexiones colectivas, buscamos repensar la participación digital y sus impactos en nuestras comunidades.
Más allá de los conceptos y herramientas, el retiro nos llevó a interrogar las dimensiones afectivas y materiales de la participación: ¿cómo se siente la exclusión?, ¿qué sucede cuando las infraestructuras diseñadas para el cuidado fallan?, ¿cómo podemos construir espacios—digitales y físicos—que realmente sostengan a las comunidades?
En este contexto, hubo un momento de claridad absoluta, un instante donde las discusiones sobre democracia participativa, gobernanza de datos e inclusión se condensaron en una sola imagen.
Un momento de reconocimiento
La imagen más impactante del retiro fue captada por la fotoperiodista Victoria Rovira, que documentó las devastadoras inundaciones de Valencia con una profundidad y sensibilidad sin parangón.
Inundaciones en Valencia (Aldaia, 4 Nov 2024)
Photo by Victoria Rovira Casanovas (permission granted by author)
Hay momentos en los que una imagen se convierte en algo más que un simple registro de un evento: se convierte en una marca en el cuerpo, en un peso afectivo que persiste mucho después de verla por primera vez.
En la charla de Marta Poblet “Nuevos Modelos de Participación Digital y Gobernanza de Datos”, apareció esta imagen. Tomada tras las inundaciones de la DANA en Valencia en 2024, muestra el interior de una residencia de ancianos, un espacio de cuidado para personas mayores. La línea de lodo—gruesa, oscura e implacable—supera la altura de una persona en silla de ruedas.
La crudeza de esta marca, testimonio silencioso de lo ocurrido en ese espacio, tiene un poder que ningún informe, mapa de inundaciones o conjunto de datos podría replicar. Es un documento, sí, pero también una cicatriz, un vestigio de afecto y pérdida que exige ser sentido tanto como analizado.
Afecto y Comunes: la revelación
Buena parte de nuestro trabajo en innovación democrática, participación y comunes consiste en crear estructuras de cuidado—arquitecturas digitales, institucionales y sociales que permitan a las personas ser vistas, escuchadas y protegidas. Sin embargo, esta imagen evidenció los límites brutales de esas estructuras cuando se enfrentan a una catástrofe.
Un hogar para ancianos, un espacio destinado a la seguridad de los más vulnerables, se convirtió en una trampa. La infraestructura que debía proteger terminó atrapando. La imagen expone con crudeza las desigualdades de movilidad, preparación y supervivencia en un contexto de desastre.
Y, sin embargo, los vestigios de los comunes siguen ahí: un número de emergencia escrito a mano, horarios que marcaban el ritmo de la vida compartida, un calendario que aún lleva la carga de los días ordinarios ahora irremediablemente interrumpidos. Son fragmentos de un entramado de cuidado que funcionaba… hasta que fue sumergido.
Más allá de los Datos: El Poder del Espacio Físico y Digital
El retiro estuvo lleno de debates sobre datos: cómo recopilarlos, visualizarlos y hacerlos accionables. Hablamos de plataformas, tableros de control y mecanismos participativos para rastrear cambios en políticas públicas.
Y, sin embargo, esta imagen nos ofreció el aprendizaje más profundo de todo el encuentro. Hizo visible lo que los datos suelen aplanar: la materialidad del desastre, la vulnerabilidad encarnada, la manera en que la catástrofe se asienta en los espacios y persiste en sus texturas.
Los datos pueden decirnos cuántas personas fueron afectadas; una imagen nos muestra lo que se sintió estar atrapado, ser abandonado, ver cómo los residuos del desastre suben por las paredes de un espacio familiar.
Los datos pueden abogar; imágenes como esta nos persiguen.
Pero más allá de los datos, este momento también nos mostró los límites y potenciales de los espacios físicos y digitales. A menudo discutimos la participación en términos de infraestructuras digitales, plataformas basadas en comunes y gobernanza de datos. Sin embargo, esta imagen nos recuerda que la participación es siempre corporal, siempre ligada a los espacios que habitamos y a cómo pueden volverse seguros o inseguros.
Los espacios digitales ofrecen posibilidades, pero nunca podrán reemplazar la presencia física, las condiciones materiales ni la realidad táctil de la exclusión y el cuidado.
El Destello Más Inspirador
Este fue el instante en el que todo convergió.
Los debates sobre democracia participativa, la necesidad de un diseño inclusivo, el papel del conocimiento afectivo en la toma de decisiones… todo cristalizó aquí.
Esta imagen no es solo sobre una inundación. Es sobre quién es vulnerable, quién recibe cuidado y quién es olvidado cuando los sistemas fallan. Nos recordó la obligación ética de la participación: que la democracia, en su esencia, consiste en garantizar que nadie quede por debajo de la línea de lodo.
Esta fotografía dejó una lección poderosa del retiro:
- Que los comunes no son únicamente digitales; son materiales, afectivos y profundamente ligados a quién tiene derecho a sobrevivir.
- Que mientras los datos pueden informar, la experiencia vivida transforma.
- Que la participación digital debe rendir cuentas a las realidades físicas y a la naturaleza encarnada de la exclusión.
- Que los aprendizajes más significativos no siempre están en los informes, sino en ese destello de reconocimiento que nos obliga a ver, sentir y actuar de manera diferente.
A medida que avancemos, esta imagen permanecerá conmigo. No como una simple evidencia, sino como una exigencia.
Una exigencia por una democracia que no abandona. Por unos comunes que realmente sostienen. Por un compromiso con el conocimiento afectivo como un eje central—y no periférico—de nuestro trabajo.
Nota:
Marta Poblet, Stefaan Verhulst y Anna Colom, han profundizado en esta imagen en un reciente artículo en The Data Tank, donde analizan cómo los datos pueden convertirse en señales de emergencia, impulsar respuestas solidarias y reforzar mecanismos de gobernanza en situaciones de desastre. Su reflexión destaca la importancia de la gestión de datos como un acto de cuidado colectivo y señala la urgencia de estructuras participativas que no solo recopilen información, sino que activen respuestas eficaces y equitativas. Puedes leer el artículo completo aquí: Access, Signal, Action: Data Stewardship Lessons from Valencia’s Floods.