Aprendizajes

Democracia no humana: hacia un nuevo contrato ecológico

12/abril/2024 por Cristian Palazzi
Esepe, espejo, 2023
Cristian Palazzi

Cristian Palazzi

Director de Incidencia y Movilización Ciudadana

Filósofo en Fundación Platoniq y asesor de campañas de crowdfunding cívico en Goteo.org.

¿Cómo imaginar una democracia donde el mar, los algoritmos o las bacterias también tienen voz? Mientras los retos ecológicos y tecnológicos desbordan las instituciones humanas, nuevas formas de deliberación comienzan a emerger.

Una de ellas tuvo lugar en Barcelona en abril de 2024: la primera Asamblea Global Ciudadana sobre el Océano, una iniciativa de Missions Publiques, facilitada por Platoniq y otros socios, en el marco de la iniciatica UN Ocean Decade.

Del Parlamento de los Humanos al Parlamento de las Cosas

Inspirados por Bruno Latour, Lynn Margulis y Donna Haraway, podemos pensar esta asamblea no solo como un ejercicio de democracia entre ciudadanos, sino como un ensayo para deliberar con lo no humano.

La vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a quienes se asocian
Lynn Margulis

Latour imaginó un Parlamento de las Cosas, donde los actantes no humanos, desde las corrientes marinas hasta los chips de silicio, participan en las decisiones que les afectan. Margulis nos recordó que toda vida es simbiosis, y Haraway que debemos “permanecer con el problema”: componer alianzas parciales entre humanos, animales, máquinas y ecosistemas.

El océano como sujeto de deliberación

En Barcelona, cuarenta ciudadanos se reunieron frente al mar para debatir sobre el futuro del océano. Pero el escenario no era neutro: el propio océano era parte del diálogo.

El sonido de las olas, la brisa salina y los sensores ambientales que acompañaban la sesión configuraban un espacio de escucha ampliada, donde la materialidad del entorno actuaba como mediadora. Este marco encarna la “ética del ensamblaje” de Jane Bennett, reconociendo la agencia vibrante de lo material.

La asamblea del océano fue solo el primer paso hacia un proceso global que aspira a reunir a 10.000 ciudadanos en 100 países. Cada encuentro local será un microcosmos de esta nueva política de cohabitación, en la que los seres humanos deliberan sabiendo que no están solos: los océanos, los bosques, las máquinas y los virus también forman parte del proceso.

El método de los tres tercios: presente, vida y futuro

El proceso introdujo el Three-Thirds Method, una metodología que da voz a tres actores: las generaciones actuales, el sistema vivo y las generaciones futuras. La idea es sencilla: que las decisiones humanas no se tomen solo entre humanos del presente, sino junto al sistema vivo y las generaciones futuras.

El primer actor reúne las voces de quienes habitan hoy el mundo: ciudadanos diversos, con sus experiencias y preocupaciones. El segundo actor incorpora la presencia del planeta: los mares, el aire, los organismos, los datos que los hacen hablar. No se trata de hablar por ellos, sino con ellos, escuchando sus señales, integrando su materialidad y su vulnerabilidad en la conversación. El tercer actor pertenece a los que aún no han nacido. Su lugar se representa con una silla vacía, una carta escrita desde el futuro o la voz de jóvenes que interpelan a quienes deciden hoy.

Así, la deliberación se convierte en una diplomacia terrestre: un espacio donde humanos, ecosistemas y futuros posibles dialogan. Este método nos recuerda que toda política es también una relación entre tiempos y especies, y que cuidar el presente implica cuidar la vida que nos sostiene.

Hacia una democracia más que humana

La deliberación no humana no sustituye la democracia: la amplía. Nos recuerda que toda decisión pública se asienta en relaciones materiales, biológicas y tecnológicas que también merecen ser escuchadas.

Como señala Haraway, se trata de “componer con otros”, no de hablar en su nombre. De diseñar procesos participativos que integren la sensibilidad de los sensores, la voz de las mareas y la responsabilidad hacia lo que aún no ha nacido. Reconocerlo es aceptar que la política no se limita al lenguaje humano, sino que se expresa también en los flujos de datos, las corrientes de aire o los ritmos del clima. La democracia más que humana consiste en aprender a deliberar dentro de este entramado, escuchando no solo lo que se dice, sino lo que vibra, se transforma o resiste.

Diseñar procesos participativos que incorporen la sensibilidad de los sensores, la voz de las mareas y la responsabilidad hacia quienes aún no han nacido es una forma de asumir que el cuidado también es una práctica política. Esta ampliación de la democracia exige una nueva imaginación cívica: una que entienda que habitar el planeta es deliberar con él, y que toda decisión humana es, inevitablemente, una decisión ecológica.

Cuidar, traducir, cohabitar

En Platoniq seguimos explorando cómo diseñar metodologías deliberativas que integren a los sistemas vivos, la inteligencia colectiva y la tecnología cívica. Si quieres participar o colaborar en el diseño de procesos de deliberación multiespecie y asambleas planetarias, contáctanos.

👉 Pongámonos en marcha.

Alt text donar

¿Te gustaría contribuir?

Con tu ayuda seguiremos impulsando procesos participativos digitales y facilitando metodologías de participación innovadoras para construir sociedades y organizaciones más justas