Aprendizajes
Investigar para desarmar: creatividad y conocimiento al servicio de la democracia [ECD1_M4]
En este módulo, la Escuela de Creatividad y Democracia se lanza a un terreno tan fascinante como complejo: la relación entre investigación, creatividad y participación política. Bajo la dirección conceptual de Platoniq, nos adentramos en un viaje donde los datos se vuelven narrativas, y la información se traduce en herramientas de imaginación institucional.
Este no es un módulo sobre técnicas, sino sobre actos creativos que transforman cómo entendemos, sentimos y construimos lo público. Un espacio donde investigar no fue acumular verdades, sino desarmar ficciones dominantes para imaginar otras posibles.
Del dato al corazón, de la gráfica a la acción
La primera sesión arranca con una imagen aparentemente lejana: una tablilla mesopotámica de arcilla, del 3100 a.C., usada para registrar transacciones económicas. La provocación lanzada por Olivier Schulbaum es clara: los datos han sido, desde sus orígenes, una forma de gobernar y narrar el mundo. No son neutros, ni asépticos. Son lenguaje, y como el lenguaje, tienen el poder de nombrar, invisibilizar o transformar.
A partir de ahí, se nos abre un campo de exploración apasionante: la visualización de datos como herramienta estética, emocional y política. Citando a Mona Chalabi, entendimos que “no existe tal cosa como una visualización de datos sin emoción”. Cada gráfico, cada mapa, cada fuente tipográfica es una elección con implicaciones narrativas.
WEB Du Bois
Library of Congress
Ejemplos como la exposición Data Displays (que recupera los gráficos estadísticos de W.E.B. Du Bois para representar la realidad afroamericana en 1900) o la visualización del movimiento #MeToo de Valentina D’Efilippo, nos mouestran cómo los datos pueden ser formas de resistencia, denuncia y empoderamiento.
Civio: desenterrar patrones, narrar injusticias
Eva Belmonte, directora de investigaciones en Civio, comparte cómo el periodismo de datos puede ser también una forma de activismo ciudadano. Según ella, “la gente no consume datos, consume historias”. Por eso, en Civio cada investigación se transforma en una narrativa accesible, emocionalmente potente, capaz de sacudir conciencias y exigir responsabilidad institucional.
Entre los ejemplos que presenta destacan:
- El Indultómetro: una base de datos visual que expone todos los indultos concedidos en España desde 1996. La visualización reveló que los delitos más indultados no eran los que aparentaban (robos, hurtos), sino delitos de funcionarios como prevaricación o malversación. La investigación no solo denunció: provocó una reducción efectiva en el uso del indulto.
- Medicamentalia: un proyecto que muestra la desigualdad global en el acceso a medicamentos.
- Videojuego sobre nacionalidad: que coloca al usuario en la piel de una persona que intenta obtener la nacionalidad europea, para experimentar de forma inmersiva el laberinto administrativo.
Todo esto se traduce en una frase que define el espíritu de Civio: “Queremos que la administración se sienta observada”. Porque el dato bien narrado no solo informa, también incomoda, interpela y transforma.
- ¿Quién crea las instituciones?
- ¿Quién narra los datos?
- ¿Cómo podemos representar la realidad?
Procesar creativamente: instituciones como ficciones colectivas
Ya no basta con investigar o visualizar. Se trataba ahora de comprender que las propias ideas políticas son el resultado de actos creativos. La democracia, la nación, los derechos: todas estas estructuras que parecen firmes fueron inventadas por alguien, en algún momento.
Érase una vez en una ciudad ruidosa y olvidadiza, un grupo de jóvenes encontró una escultura rota en la plaza. No estaba hecha de piedra sino de historias, luchas e hilos invisibles
Esa escultura no era otra cosa que la democracia, construida colectivamente, en tensión constante, siempre incompleta.
Historia de la creatividad política: arte, identidad y resistencia
Junto a Paola Perri nos adentramos en un recorrido apasionante por ejemplos históricos de investigación estética y producción política:
En la Atenas clásica, el teatro era espacio de deliberación. Durante la Ilustración, Goya usó el arte para denunciar la tiranía. En el muralismo mexicano, artistas como Aurora Reyes pintaron derechos, clases y memorias colectivas. En el siglo XX, Boal, Beuys, Jenny Holzer y las Guerrilla Girls ocuparon el espacio público con arte incómodo, irónico, poderoso.
Domestc Data Streamers
Images from Poblenou public archive analyzed through pose detection AI models — April 2025
Como muestra la imagen, en las últimas décadas, colectivos como Domestic Data Streamers han convertido la información abstracta en experiencias sensoriales para la participación ciudadana. Estos ejemplos demostraron que la creatividad no es un lujo. Es una necesidad política.
La teoría de la creatividad política
Paola Pierri afirma que a diferencia de la creatividad artística (que puede ser personal, expresiva, individual), la creatividad política:
Es colectiva en intención y efecto. Produce instituciones, procesos, ideas compartidas. Se basa en ficciones colectivas, como las definidas por Benedict Anderson o Ezrahi. Solo funciona si logra representación, rituales y públicos.
La creatividad política puede ser progresista o conservadora. Puede usarse para ampliar derechos (como hicieron las sufragistas), o para sostener el statu quo con nuevas ficciones que lo legitimen.
“La democracia, afirma, no puede sobrevivir sin creatividad. Porque todas sus ideas, reglas y estructuras son, en última instancia, productos de la imaginación colectiva.”
Elaboración de un proceso de participación ciudadano. Paso 4 : Visualiza tus datos
Desde Platoniq se propone un ejercicio creativo y provocador: convertir una visualización de datos en una escena de teatro legislativo. El objetivo: pasar del dato a la emoción, y de ahí a la deliberación.
Cada grupo elige un conjunto de datos sobre una injusticia pública, lo leyó críticamente (¿qué muestra?, ¿qué oculta?, ¿a quién deja fuera?) y luego crea una escena breve —en forma de diálogo, monólogo, narración coral o entrevista ficticia— que termina con una pregunta abierta al público. Una forma radical de recordar que la democracia no solo se debate: también se representa, se siente, se actúa. Porque a veces, una escena de teatro puede hacer más por la comprensión ciudadana que diez gráficas.
Investigar no es contar lo que hay, sino preguntarse qué puede ser distinto. Que crear no es adornar lo político, sino fundarlo. Y que la participación democrática solo puede ser real si también se representa, se dramatiza, se imagina y se siente.