Aprendizajes

Tecnologías Radicales: Democracia digital para un mundo roto [ECD1_M3]

29/julio/2025 por Fundación Platoniq
Tecnologías Radicales
Fundación Platoniq

Fundación Platoniq

La Fundación Platoniq diseña procesos participativos digitales y facilita metodologías innovadoras de participación para contribuir a formar sociedades y organizaciones más democráticas y justas, haciendo uso de tecnologías cívicas abiertas.

En un contexto donde lo digital transforma aceleradamente nuestra forma de vivir, organizar y participar, el tercer módulo de la Escuela de Creatividad y Democracia, Tecnologías Radicales: Democracia digital para un mundo roto, nos lleva a reflexionar sobre un dilema clave: ¿estamos utilizando nuevas herramientas para hacer la misma vieja política?

Nuevas herramientas para la misma vieja política

Olivier Schulbaum, director estratégico de Platoniq, abre con un fondo de pantalla sugerente y una dinámica que ya augura el tono crítico y lúdico del encuentro: ¿eres piedra (ciudadanía/movimientos sociales), papel (policy makers) o tijera (gobiernos)? Una forma directa de hablar de alianzas, tensiones y estructuras de poder. Y una advertencia crucial: muchas plataformas participativas, como Decidim, nacen desde las instituciones, no desde las personas afectadas. Por lo tanto, el riesgo es real: reproducir las estructuras tradicionales del poder en formatos digitales “nuevos”.

Partiendo de la experiencia de Platoniq afirmamos que, en la era digital, no basta con crear más herramientas, necesitamos repensar los modelos de gobernanza, el diseño institucional y las condiciones tecnopolíticas que les dan sentido.

La democracia fractal: arquitectura política del siglo XXI

En este contexto, Marta Poblet, directora de investigación en The Data Tank, plentea una nueva forma de entender la sinergia democrática: la democracia fractal.

Frente al “tecno-feudalismo” descrito por Yanis Varufakis, una era en la que las grandes plataformas digitales ejercen un nuevo dominio económico y político basado en la extracción masiva de datos personales, Poblet propone otra visión: una arquitectura política en la que los principios democráticos se replican de forma recursiva a múltiples escalas. Desde lo local a lo global, pasando por múltiples capas intermedias (familias, barrios, comunidades, redes).

Inspirada en figuras como Condorcet, Eleanor Ostrom y el propio Aristóteles, Poblet reivindica que la inteligencia colectiva no nació con internet y que la política no es libre de escala. Como dice Nassim Taleb, no se puede evaluar un sistema político sin especificar su escala: lo macro y lo micro se retroalimentan y reproducen estructuras de forma fractal.

Los espacios participativos ya son híbridos: combinan lo físico y lo digital, lo institucional y lo informal
Marta Poblet

Los espacios participativos, como demuestra Poblet, ya son híbridos: combinan lo físico y lo digital, lo institucional y lo informal. Desde procesos constitucionales como el de CDMX, hasta movimientos sociales como el independentismo catalán, hoy la participación democrática ocurre entre pantallas y calles. Pero, como recuerda, la elección de plataformas nunca es neutral: tiene consecuencias políticas, sociales y éticas.

Cuidados y espacios seguros digitales: del refugio a la resistencia

La segunda sesión del módulo nos invita a explorar un aspecto vital pero muchas veces silenciado: la dimensión afectiva y política de los espacios digitales. Guiada por la investigadora Nadia Nadesan, investigadora del equipo de Platoniq, la clase propone un cambio de foco: ya no se trata solo de tecnología y estructuras, sino de cuerpos, dignidades, emociones y resistencias.

Partimos de una idea esencial: los espacios seguros no son burbujas, sino estructuras necesarias para que ciertas personas puedan existir y expresarse sin violencia. Nadesan recupera el origen histórico de estos espacios en las luchas queer, feministas y antirracistas, desde los bares gays de Los Ángeles en los 60 hasta grupos de apoyo a la lactancia o peluquerías para mujeres negras. Esos espacios no eran lugares neutros ni protegidos del riesgo, sino refugios tácticos donde se tejía poder colectivo y dignidad compartida.

Hoy, muchos de esos espacios se han desplazado, o se han reconstruido, en el entorno digital. Pero ya nos va quedando claro: internet no es solo un campo de libertad, también lo es de vigilancia, censura y violencia estructural.

Internet: entre liberación y control

La clase analiza en profundidad el proyecto EROTICS, liderado por la red internacional APC, que investiga cómo viven la red las personas más vulnerabilizadas por sistemas normativos: mujeres jóvenes, personas LGTBIQ+, personas con discapacidad, entre otras. En países como Sri Lanka, Bangladesh o Nepal, internet es muchas veces el único espacio donde pueden reclamar derechos, explorar identidades o construir comunidad. Pero también es un entorno lleno de barreras invisibles: control familiar, infraestructura precaria, violencia de género, censura cultural o idiomática.

tener acceso a dispositivos digitales no garantiza libertad ni seguridad de expresión. La clase, el género, la ubicación, la lengua, la casta o la discapacidad

Así, queda claro que tener acceso a dispositivos digitales no garantiza libertad ni seguridad de expresión. La clase, el género, la ubicación, la lengua, la casta o la discapacidad condicionan profundamente el tipo de experiencia digital que una persona puede tener. Muchas veces, el anonimato, las redes de confianza informales y el uso cuidadoso del contenido son estrategias de supervivencia.

Como plantea Nadesan, la necesidad de espacios seguros nace del hecho de que nadie puede vivir bajo vigilancia constante. Y aunque ciertos sectores acusan a estos espacios de ser “campos minados” donde no hay debate, lo cierto es que no son cámaras de eco, sino entornos de empatía, escucha y poder compartido.

AlgoRace: cuando la violencia se codifica en datos

Nuestro siguiente invitado, Youseff M. Ouled, periodista y coordinador del proyecto AlgoRace, que aborda la cara más brutal y opaca de la dimensión digital: la violencia algorítmica. AlgoRace nace para denunciar cómo la inteligencia artificial y los sistemas automatizados están reproduciendo el racismo estructural bajo un disfraz de eficiencia tecnológica.

Desde la recogida sesgada de datos policiales hasta el uso de drones y sensores en las fronteras, pasando por la vigilancia predictiva de cuerpos migrantes, el panorama es claro: la IA es el racismo de siempre, con nuevas herramientas.

Youseff expone cómo los sistemas de predicción criminal, como Eurocop o Data Web, se basan en datos históricamente sesgados, generando un bucle donde los cuerpos no blancos son desproporcionadamente vigilados y criminalizados. Esto no es un accidente: la tecnología se diseña, se programa y se aplica en contextos marcados por jerarquías de poder.

Además, la dimensión colonial de la tecnología no puede pasarse por alto: los recursos necesarios para construir y alimentar estos sistemas provienen muchas veces de excolonias empobrecidas, donde la extracción de materiales y la gestión de residuos generan graves impactos ambientales.

Tejer resistencias, habitar internet

Frente a este panorama, no todo es distopía. Como subraya la sesión, están surgiendo redes de respuesta: colectivos como ResistencIA, Grupo Semilla, Liken, IA Ciudadana o la Red de Autodefensa Feminista Online, que trabajan desde la interseccionalidad, el ciberactivismo y el hacking ético para disputar el poder digital.

Estas redes crean campañas, materiales de formación, incidencia política y espacios de contención tanto en entornos digitales como presenciales. Lo hacen desde el reconocimiento de que los espacios virtuales no están divorciados del mundo real, y que la lucha por un internet justo es inseparable de las luchas por la justicia social, climática, racial y de género.

Elaboración de un proceso de participación ciudadano. Paso 3: de la teoría al prototipo

El módulo culmina con un reto colaborativo: diseñar un proceso participativo híbrido que responda a un dilema democrático, integrando criterios de justicia algorítmica, diseño inclusivo, seguridad digital y lógica fractal. Usando Decidim como infraestructura base y herramientas como Miro, las participantes desplegaron su creatividad para imaginar una democracia digital no extractiva, sino transformadora.

Habitar internet como un espacio seguro, justo y compartido requiere de pensamiento crítico, afectividad organizada, estructuras éticas y comunidades que desafíen el control con propuestas. Porque no se trata solo de participar, sino de redefinir radicalmente cómo se participa.

Alt text donar

¿Te gustaría contribuir?

Con tu ayuda seguiremos impulsando procesos participativos digitales y facilitando metodologías de participación innovadoras para construir sociedades y organizaciones más justas