Aprendizajes
Ansiedad climática, jóvenes y desafección política: el derecho al goce como forma de construir democracia [ECD1_LAB]
¿Cómo materializar nuestras ideas políticas?
Cada vez escuchamos más a jóvenes hablando de ansiedad climática, malestar social o desafección política. Pero también de nuevas formas de organización, de cuidados… y de esperanza. La escucha es el vehículo donde nos permitimos hacer emerger conceptos difíciles. Y así fue como sucedió en la jornada final del Lab de Políticas Públicas de la Escuela de Creatividad y Democracia: una jornada llena de emoción y de ganas de construir juntas.El día empezó con una conversación sobre ansiedad climática, jóvenes y desafección política conducida por Alejandra Gallardo, experta en Platoniq sobre cambio climático y TikTok, con Sara S. Ribés, activista climática de End Fossil BCN, y Carla Riera, abogada especializada en Derechos Humanos y en el impacto de las crisis globales sobre el bienestar, especialmente de las personas más vulnerables.
La ecoansiedad se agrava por la inacción institucional y la falta de mecanismos reales de participación
Lo sabemos pero lo decimos poco: la ansiedad climática no solo es un malestar individual, sino una respuesta colectiva y política a décadas de degradación ecológica. Y aunque se vive de forma individual, como una reacción ante la “pérdida de un futuro” y la impotencia por no poder actuar frente a crisis globales, tienen causas sistémicas. Ante ello, Sara nos habló de poner lo colectivo en el centro, superar la lógica meritocrática y productivista (que fragmenta la idea de lo común) y enseñar desde temprana edad a cooperar y no competir.
La militancia requiere de recursos que hoy en día son privilegios (tiempo, salud, redes de apoyo)
¿Cómo explicar la desafección política entre los jóvenes? Carla nos dió las claves para entenderlo: en primer lugar, existen personas que sencillamente no quieren politizarse, por privilegios y/o desconexión social; en segundo lugar, y aquí es donde deberíamos realmente trabajar, también hay personas que no pueden politizarse por precariedad, falta de recursos, a esas personas deberíamos encaminar todos nuestros esfuerzos; y, finalmente, hay un último grupo que han estado politizadas, pero han dejado de estarlo por agotamiento institucional o falta de representación. Mantener el esfuerzo de llevar a las instituciones las voces marginales, aquellas que no encuentran el cauce y que, además, son las más afectadas, debería hacernos reflexionar sobre la representatividad democrática que rige nuestras instituciones.
El goce es un derecho, no algo que nos es permitido
Conducida por Alejandra, la conversación transitó desde la salud mental comunitaria al derecho al goce como reivindicación básica para dar forma (válida y potente) a las denuncias que han sido históricamente infravaloradas, especialmente si provienen de colectivos invisibilizados o colonizados.
Cuando damos importancia al activismo a la hora de redefinir lo colectivo desde lo vecinal, barrial, sindical, etc., poniendo el foco en la acción local como un espacio más accesible, concreto y con potencial transformador, y nos permitimos expresiones artísticas como la danza o el teatro, por ejemplo, para recuperar el goce y el cuerpo como espacios políticos, entonces estamos haciendo democracia inclusiva.
Un final alegre para una Escuela de creatividad
Tras la conversación, todas las personas que estábamos ahí: activistas, filósofas, comunicadoras, políticas, jóvenes migrantes y todo el grupo que conforman la primera generación formada por la Escuela de Creatividad y Democracia nos regalamos un espacio lúdico y comprometido para volcar en forma de fanzine las conclusiones a las que entre todas habíamos llegado.
Llegamos así al final de la Escuela de Creatividad y Democracia, un espacio para pensar y, sobre todo, experimentar la reconexión afectiva con la democracia a través de las artes y la creatividad.
Volvemos en Febrero, puedes inscribirte a la segunda edición aquí.