Entrevistas

Mauricio Mejía La democracia está en peligro, ¡viva la democracia! Cinco tendencias que reafirman el auge de la democracia deliberativa en todo el mundo

21/noviembre/2024 por Cristian Palazzi
Mauricio Mejía
Cristian Palazzi

Cristian Palazzi

Director de Incidencia y Movilización Ciudadana

Filósofo en Fundación Platoniq y asesor de campañas de crowdfunding cívico en Goteo.org.

En tiempos de polarización, desconfianza y discursos extremos, surgen nuevas formas de hacer política. Desde París hasta Bogotá, desde Bruselas hasta Budapest, las asambleas ciudadanas se abren paso como espacios de deliberación colectiva. Mauricio Mejía, ex-coordinador del área de participación ciudadana y deliberación de la OCDE, explica cómo estas experiencias están redefiniendo la democracia y por qué el futuro podría parecerse más a un sorteo que a una urna.

¿Por qué la participación ciudadana es un tema prioritario para la OCDE?

Lo es por dos razones principales. Primero, porque está directamente relacionada con la confianza en las instituciones democráticas. En estudios recientes como el Estudio Global sobre Confianza vemos que la posibilidad de participar y sentir que esa participación tiene un impacto real es uno de los factores que más influyen en la confianza ciudadana.

Pero no se trata de cualquier tipo de participación: debe ser una participación bien organizada, con impacto y sentido colectivo. Y ahí es donde entra la OCDE: para identificar tendencias, buenas prácticas y ofrecer orientación a los países sobre cómo hacerlo bien.

¿Entonces la gente confía más cuando puede participar?

En realidad, la gente no confía demasiado en las instituciones, pero cuando puede participar y ver resultados tangibles, su confianza mejora. Lo importante es que la participación no sea simbólica, sino vinculante y significativa.

Desde hace unos 15 o 20 años observamos una curva ascendente en los procesos deliberativos: asambleas ciudadanas, jurados ciudadanos, paneles deliberativos, que poco a poco se integran como complemento de la llamada “democracia representativa”.

¿Esa “democracia deliberativa” está creciendo en todo el mundo?

Sí, está creciendo. En nuestra última recopilación de datos, en 2023, identificamos casi 800 casos de asambleas deliberativas en todo el mundo. No son todas, claro, solo las que cumplen ciertos criterios: que haya selección aleatoria de ciudadanos, que estén organizadas por una autoridad pública y que duren más de un día.

La mayoría se concentran en Europa, Norteamérica, Australia, Japón y otros países del norte global. Pero en los últimos años vemos nuevas experiencias en América Latina y Europa del Este, con países como Colombia, Brasil, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Georgia o Rumania que empiezan a experimentar con estos modelos.

¿Por qué estos países se suman a la deliberación?

Porque funciona. Es un método de toma de decisiones que fortalece la confianza y genera valor cívico. Las personas sorteadas se involucran, se informan, conocen otras realidades y vuelven a casa con una comprensión más profunda de los temas tratados, ya sea medio ambiente, transporte o educación.

En las asambleas sobre cambio climático, por ejemplo, las propuestas ciudadanas tienden a ser más visionarias y optimistas que las de los parlamentos tradicionales

Y además, los resultados suelen ser más ambiciosos y constructivos. En las asambleas sobre cambio climático, por ejemplo, las propuestas ciudadanas tienden a ser más visionarias y optimistas que las de los parlamentos tradicionales.

¿Podemos decir que los ciudadanos son más ambiciosos que los políticos?

En muchos casos, sí. Cuando el proceso está bien diseñado, las personas logran acuerdos más consensuados y menos polarizados. En temas muy sensibles como el aborto, la eutanasia o el matrimonio igualitario, las asambleas deliberativas permiten escapar de los debates binarios del “sí o no”. Son espacios de diálogo profundo, donde la conversación sustituye a la confrontación.

Vivimos una época de polarización creciente. ¿Podría decirse que la ola deliberativa es una respuesta a esa ola reaccionaria global?

No la llamaría una respuesta directa, pero sí es una posible solución a la polarización. Estos espacios invitan a pasar del “yo opino” al “nosotros decidimos”. La gente deja de hablar desde su individualidad y empieza a pensar como parte de un colectivo. Además, los procesos deliberativos incluyen una fase de información, algo crucial. En redes sociales las opiniones se forman desde la emoción o la desinformación, pero en una asamblea los participantes se forman, deliberan y deciden sobre bases más sólidas.

¿Es posible hacer una asamblea ciudadana en un contexto no democrático?

Sí, y ya ha ocurrido. No siempre pueden influir directamente en decisiones de gobierno, pero existen ejemplos. En China, ha habido deliberaciones locales. En Ucrania, pese a la ley marcial, el Consejo de Europa está promoviendo asambleas deliberativas. Incluso en Hungría, donde la democracia liberal enfrenta tensiones, la ciudad de Budapest ha organizado una. La deliberación no solo mejora decisiones políticas: también refuerza la cohesión social y la autogestión comunitaria.

¿Qué nuevas tendencias observan hacia el futuro?

En el estudio que publicamos en 2023 detectamos cuatro grandes tendencias, a las que hoy sumaría una quinta:

El tema climático es, sin duda, el más recurrente. Las asambleas sobre clima permiten pensar más allá del corto plazo electoral y abrir horizontes de acción colectiva a largo plazo.

La institucionalización es otro fenómeno relevante. En algunos lugares ya se habla de crear auténticos “Senados Ciudadanos”. En la región germanófona de Bélgica, por ejemplo, ya existe una asamblea permanente de este tipo.

También se consolida la hibridación tecnológica, que combina encuentros presenciales con herramientas digitales para mantener la deliberación viva y conectada.

A esto se suma el uso creciente de la inteligencia artificial, que puede ayudar a moderar grandes debates y procesar información sin sustituir la presencia humana.

Por último, observamos una expansión global: cada vez más países fuera del norte global exploran estos modelos, adaptándolos a sus contextos culturales y políticos.

Para terminar, ¿la democracia está en peligro?

Sí, pero no es algo nuevo. La democracia siempre está en riesgo porque depende de nosotros, los ciudadanos. Más que una crisis del sistema, vivimos una crisis del sentido colectivo: hemos perdido la confianza mutua y el hábito de construir juntos.

Lo que sí veo claramente en declive es la democracia representativa tradicional. Cada vez menos gente se identifica con partidos o sindicatos. Las estructuras clásicas de representación están vacías.

Por eso creo que la democracia deliberativa basada en el sorteo y la participación directa puede aportar aire fresco, recuperar legitimidad y repensar qué significa realmente representar a la ciudadanía. Al fin y al cabo, ¿es más representativo alguien elegido por el 20% del electorado o alguien seleccionado al azar que delibera con rigor y compromiso?

Puedes consultar las principales conclusiones sobre gobierno abierto y participación ciudadana de la OCDE, aquí

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La entrevista tuvo lugar en el Foro sobre Deliberación, Creatividad y Democracia, durante los días 15 y 18 de Octubre de 2024, gracias al apoyo de la Open Society Foundation y la Diputació de Barcelona.

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