Entrevistas

Cristina Fallarás Contra el silencio macho: "La Nuestra", el poder de la voz a las mujeres

02/diciembre/2025 por Alejandra Gallardo
Cristina Fallarás
Alejandra Gallardo

Alejandra Gallardo

Asesora y facilitadora

Asesora y facilitadora

Hablamos con Cristina Fallarás, periodista y escritora, sobre “La Nuestra”, la futura red colectiva y testimonial contra la violencia machista impulsada por Acción Comadres, a propósito del lanzamiento de la segunda campaña en Goteo que quiere hacerla posible. El espacio recogerá y visibilizará los testimonios que ha acumulado Cristina desde agosto de 2023 y quiere aportar un archivo vivo donde sea posible reconstruir la verdad sobre la violencia sexual y ofrecer ayudas a las mujeres que lo necesiten.

El significado de la soberanía digital feminista

Vosotras describís “La Nuestra” no solo como una página web, sino como un ejercicio de soberanía digital feminista. En un momento en que dependemos tanto de los algoritmos y de esos “tecnofaraones” como Elon Musk o Zuckerberg, ¿por qué es urgente que las mujeres tengamos nuestra propia infraestructura tecnológica?

Es urgente que tengamos nuestra propia infraestructura tecnológica porque los datos no deben ser propiedad de los grandes faraones de las tecnologías, y lo son. Nosotras estamos generando un gran archivo testimonial que modifica el relato sobre nosotras mismas y sobre la violencia en general. Es la primera vez en la historia que se hace esto.

Empezó en 2017, con el MeToo. Estamos modificando aquello que consideramos violencia y cuál es nuestra postura en el mundo.. No es casual que la primera vez que hablamos todas a una, el tema central no sea la moda o la estética, que era “nuestro campo” en teoría, sino que sea la violencia sexual. 

Nosotras decidimos cuál es el eje, sin embargo lo estamos haciendo dentro de unas plataformas a las cuales cedemos la propiedad de este relato. Por lo tanto, es imprescindible extraer de ahí la propiedad del relato, extraer nuestro relato para preservarlo. 

El funcionamiento de estas plataformas macho es como todo funcionamiento macho extractivista: coge pero no ofrece. Tú cuelgas ahí lo que te dé la gana, ellos se lucran con tu relato, el que sea, me da igual las vacaciones en Roma que el movimiento #Cuéntalo, y no te ofrecen nada a cambio realmente.

Nosotras creemos que es imprescindible generar otro tipo de plataformas que ofrezcan servicios gratuitos a cambio de tu participación en ellas. Es decir, que no funcionen como extractivistas del relato ni de las mujeres ni de cualquier otro colectivo social, sino que sea un toma y daca: que haya un diálogo entre la tecnología y las usuarias para que ellas puedan verse beneficiadas de lo que aportan. Y esto es fundamental: estamos utilizando las redes de una manera ultracapitalista, con unas reglas ultracapitalistas. Queremos romper eso.

La Escuela de Creatividad y Democracia trabaja con jóvenes para que entiendan la tecnología como un espacio político y no solo como una herramienta. En “La Nuestra”, esa intuición aparece de forma radical: no solo queréis contar historias, queréis decidir cómo se guardan, quién las ve y bajo qué reglas. ¿Cómo imagináis una soberanía digital feminista que también sea pedagógica, que forme a las nuevas generaciones para que no dependan de plataformas extractivas? ¿Puede “La Nuestra” convertirse en un ejemplo de democracia tecnológica hecha desde abajo?

Yo, sin duda, creo que lo será. Llegue donde llegue “La Nuestra”, en tanto que pionera, marca la posibilidad de un cambio. No sabemos hasta dónde llegará ni cuánto alcanzaremos, pero eso es igual.

Yo me acuerdo de que, hablando una vez con unas activistas norteamericanas, estábamos en Nueva York y fuimos a una manifestación. Pensé y dije: “Ostras, qué pocas”. Éramos como cien personas solo. Y me dijeron: “Las españolas, y las europeas en realidad, estáis equivocadas. Nunca es importante cuánta gente va a una manifestación, sino el hecho de que exista”.

“La Nuestra” es relevante en tanto en cuanto va a existir y en tanto en cuanto va a existir con, igual, tres millares de fundadoras, que no es poquito.Tres mil mujeres nos hemos juntado a hacer algo que rompe las reglas de las redes sociales tal y como las concebimos. Esta ruptura marca un hito, marca un hito en tanto que pionera. Y digamos que nuestra ambición no es como la ambición de ellos: acabar convirtiéndonos en una macroestructura ni económica ni financiera ni de ningún otro tipo, sino aportar un paso más a la marcha del feminismo y de la lucha contra la violencia.

Cuando los pasos son muy grandes, normalmente el ataque es inmediato y la duración es corta. Creemos, y lo creemos firmemente, que cualquier paso pequeño es sencillamente un jalón más, una aportación, un ladrillito a la calzada.

Una de las funcionalidades más innovadoras de “La Nuestra” es el concepto del “match” y la creación de grupos de soporte. Sabemos que las redes actuales están diseñadas para el entretenimiento o la confrontación. ¿Cómo habéis diseñado la arquitectura de “La Nuestra” para que el objetivo sea el apoyo mutuo y no el consumo de desgracias ajenas o la pornografía del dolor?

Yo llevo desde 2018 trabajando en la visibilización de testimonios y creo que, en ningún momento, más allá de los machos que admiten entrar en la página para hacerse pajas, cosa que es brutal, no se ha dado ningún tipo de pornografía.

Es decir, si se hubiera dado una revictimización de las mujeres o un consumo morboso del contenido, no habríamos dado el paso a “La Nuestra”. El paso a “La Nuestra” lo damos cuando se hace muy sólida la percepción de que las mujeres la reparación no la encuentran solo con la publicación del testimonio, sino con los comentarios de otras.

Y esta percepción es constante. Cuando otras comentan los testimonios de una testimoniante, la testimoniante entra en diálogo con ellas. De esa manera, lo que he ido creando e intento que lo entiendan los jueces que me llevan los casos de las denuncias es que, con cada testimonio, un área de autonomía, se crea un diálogo: una pequeña habitación donde, en torno a ese testimonio concreto, hay decenas o centenares de mujeres que participan, apoyan, intervienen en el relato de la otra.

En el momento en que se le da la autonomía a las mujeres, tienes que ofrecerles un lugar seguro, un lugar encriptado, un lugar donde no vayan a ser ellas las que van a los tribunales

El hecho de que esto sea constante, habitual, y que no solo eso, sino que haya dado lugar a que se monten grupos fuera de Instagram: hay grupos de acompañamiento a mujeres a los juzgados, grupos de acompañamiento a mujeres a la entrega de hijos al agresor o al denunciado, grupos de mujeres que se han juntado para crear clubes de lectura, todo esto ha surgido de los comentarios.

Vimos cómo funcionaba eso y lo único que hemos hecho en la arquitectura de la herramienta es intentar transportar eso de la forma más parecida posible a una herramienta que ya te dote de lugares. Es decir, podrás comentar dentro del testimonio, pero también tendrás unos lugares donde generar grupos, donde generar foros, donde generar secciones de apoyo.

Ayer hablaba con unas mujeres en Barcelona que ya tienen estas redes creadas: crean redes de mujeres que se ofrecen por calles, por barrios o por localidades a acompañar a otras, y tienen centenares de mujeres. Hablé con ellas para que lo sumen a “La Nuestra”.

“La Nuestra” no parte solo de una arquitectura del grupo promotor primero, sino que hemos ido hablando con grupos de mujeres en todo el territorio que ya han dado pasos muy interesantes. Por ejemplo, el de los acompañamientos. Y luego está el paso de las habitaciones encriptadas: poder juntarte con otras para hablar de manera no visible es imprescindible, desde mi punto de vista, tal y como están respondiendo los machos ofendidos o los machos que sienten que su honor ha sido vulnerado y nos llevan a los tribunales. 

En el momento en que se le da la autonomía a las mujeres, tienes que ofrecerles un lugar seguro, un lugar encriptado, un lugar donde no vayan a ser ellas las que van a los tribunales.

Así que lo que hemos hecho es recoger aquellas cosas que ya suceden.

¿Puede un proyecto como “La Nuestra” convertirse también en un laboratorio donde las mujeres ejercen su agencia, deliberan juntas y experimentan nuevas formas de soberanía digital y también analógica?

Sin duda lo es. “La Nuestra” es una herramienta que se pone a disposición, no solo de las mujeres, sino de asociaciones, entidades, colectivas, etcétera. Hemos querido generar una herramienta no el movimiento, no un colectivo, sino una herramienta. Y cuando nosotras hablamos con las que serán las entidades asociadas, que serán centenares, a esas entidades asociadas lo que se les ofrece es “actuar” la herramienta. La herramienta tiene un montón de detalles que te vamos a ofrecer, pero también un montón de posibilidades, de detalles futuros que todavía no están pensados. En la medida en que esas mujeres hagan suya la herramienta, la herramienta irá evolucionando y, en tanto que irá evolucionando, es un experimento.

Y luego es un experimento porque no tenemos dónde inspirarnos. Tenemos claro cuál es el modelo que no queremos seguir, pero el modelo que queremos seguir tendrá que construirse de manera colectiva. Estamos muy convencidas de la construcción colectiva de las nuevas herramientas. Esto es fundamental.

Las posibilidades son ingentes y hacia dónde irá no tengo ni idea. Y no creo de ninguna manera que vaya hacia el mal, por así decirlo. Es una herramienta que las mujeres necesitamos.

La campaña tiene como objetivo principal migrar, anonimizar y trabajar todos estos testimonios para convertirlos en un archivo vivo y consultable. ¿Por qué es tan importante trasladar esos testimonios efímeros de Instagram a este archivo?

Estamos ante un ejercicio de memoria: casi el primer ejercicio de memoria histórica sobre violencia sexual de todo el Estado español y de todo el mundo en lengua española. Hay un archivo que se hizo en Estados Unidos con el #MeToo, de unos millones; está el que hicieron los archiveros Aniol María y Vicenç Ruiz en torno a #Cuéntalo, y ahora está este.

El punto número uno es preservar el archivo. Preservar el archivo es fundamental. No solo preservarlo, sino cedérselo a la administración pública para que, a través de un contrato que hemos firmado, se nos garantice que va a estudiar los datos y que los va a ceder a la academia o a aquellas investigadoras que quieran hacer un trabajo con ellos.

Segundo, hay que categorizarlo. La extracción del archivo nos sirve para categorizar, para generar una base en la que puedas navegar por los datos y buscar lo que necesitas para relatarte.

Y, en tercer lugar, para el match. Es decir, si queremos montar una herramienta que utilice la tecnología del match, necesitamos categorizar muy bien los testimonios. Hace falta extraer el archivo y anonimizarlo, limpiarlo, aterrizarlo. Dejarlo en los huesos y, a partir de ahí, trabajar.

Este primer paquete de testimonios carece de muchos datos: las testimoniantes no dicen dónde están, no hay geolocalización, muchas dicen su edad, pero no la edad exacta en la que sufrieron la agresión; otras dicen la edad de la agresión, pero no la actual. Sin embargo, ahí tenemos una base, y sobre esa base generaremos el match. 

De manera que, si yo digo que a mí en 2015 me violó un periodista en Madrid, me aparecerán los relatos de todas aquellas mujeres a las que violó un periodista en Madrid en 2015, pero también de aquellas mujeres a las que violó un periodista en otro año, y aquellas mujeres a las que violaron en el supuesto de trabajo en 2015… 

Todo eso y todo el “book” de categorización ya está hecho. Hay dos personas que llevan un año trabajando en eso. Así que tenemos, por un lado, las categorías y, por otro lado, los archivos. En este momento estamos en disposición, en cuanto acabe esta primera fase del Goteo, de juntar esas dos partes.

Nosotras hemos abierto un canal de Telegram en el cual hablamos cada día con las fundadoras. Y abriremos otros canales de comunicación. Necesitamos ir contándoles cómo avanza. Pero ese “cómo avanza” no podía ser: “Venga, y ahora durante un año vamos a limpiar testimonios”. No. Este es un trabajo que os ofrecemos hecho. Nosotras pedimos un crédito para poder adelantar este trabajo y, cuando empezara el crowdfunding, poder decir: “Venga, ya vamos con algo trabajado, vamos adelante”.

“La Nuestra” no es solo un archivo, es un proceso vivo donde las mujeres participan, deciden, corrigen y reescriben juntas la memoria de la violencia sexual. ¿Crees que este modelo participativo podría inspirar otras formas de gestionar la memoria democrática, cómo los archivos de la Guerra Civil o los proyectos de memoria descolonizada, para que no sean solo depósitos estáticos, sino espacios de deliberación colectiva sobre qué recordar, cómo narrarlo y con qué voz?

Para el 25N publiqué una columna donde decía: “Nuestro relato es un acto político para dinamitar las instituciones que han impuesto el silencio a la mayoría de la población: a las mujeres, el movimiento republicano, las personas migrantes, las víctimas de la Iglesia católica, el colectivo LGTBIQ+, las torturadas y torturados en democracia…”

Tenemos que tener claro una cosa: cuando las mujeres necesitamos usar las redes con tal desesperación que generamos millones de datos en tres o cuatro días, es porque nuestro relato se ha prohibido. El relato sobre la violencia sexual se ha prohibido de forma implícita y, en según qué casos, en los tribunales, explícitamente.

Hay un montón de colectivos, hablo de colectivos de la memoria, colectivos migrantes, colectivos empobrecidos cuyo relato se ha prohibido, cuyo relato el mainstream no ha permitido. Esta herramienta no solo sirve a todas ellas, sino que la cederemos de forma gratuita a quien la necesite. A los colectivos de vivienda, a los colectivos migras… hay un montón de colectivos. 

En este momento todas podemos generar un relato colectivo irrefutable

Yo recuerdo siempre el momento, en el que Carmen Calvo siendo vicepresidenta del Gobierno salió ante los medios de comunicación y dijo que la Transición era la época más plácida y maravillosa de España, que pensé: ¿por qué esta mujer puede permitirse decir esa barbaridad cuando hubo miles de torturados y torturadas en lugares oficiales, en comisarías, en cuarteles, en las calles; cuando hubo asesinados, asesinadas, encarcelados y encarceladas?

Puede permitírselo porque ese relato no está contado.

Sin embargo, en este momento todas podemos generar un relato colectivo irrefutable. La base es la irrefutabilidad. No es suficiente que sean cinco mujeres o cinco hombres o cinco los que cuenten un relato. Lo que se considera académicamente suficiente es un volumen grande. Y, en este momento, tenemos las herramientas para hacerlo

Sirva el movimiento contra la violencia macho y contra la violencia sexual en particular, sirva este movimiento de las mujeres desde el #Cuéntalo, #SeAcabó, etcétera, como ejemplo de cómo poder construir un archivo irrefutable con el que podamos decirle a la señora Carmen Calvo: “Mire usted lo que fue la Transición, colega”.

La verdad del testimonio

Llevas años recogiendo testimonios en Instagram. ¿Cuál es el poder del testimonio directo en primera persona? 

El testimonio directo en primera persona, sin intermediarias, es la toma de posesión de tu cuerpo y de tu relato. 

Cuando tú cuelgas tu propio testimonio de manera autónoma, espontánea, como acto de voluntad, media una decisión política de participación en la memoria colectiva. Esa decisión política es sanadora, es justicia histórica y forma parte de la reparación que no requiere su paso por la justicia, que es algo que a mí me importa mucho.

Hay casos que necesitan juicio, por supuesto. Pero hay muchísimos casos donde no se requiere juicio. Y además estamos hablando de muchas violencias que no son punibles en el Estado español. Lo que estamos haciendo es abrir el abanico de las violencias, sobre todo de las violencias sexuales, hasta considerar violencia sexual evidente algo que la ley no contempla como punible.

Has hablado en otros ámbitos de la idea de “verdad”. A menudo se exige la verdad jurídica, pero tú reivindicas una especie de verdad narrativa. ¿Por qué el sistema judicial no es suficiente para sanar o entender la violencia sexual? ¿Qué aporta esa narración? ¿Por qué hace falta ir más allá?

En la tríada verdad, justicia y reparación, la verdad era algo que nos tenían prohibido. Canales como “La Nuestra” permiten a la mujer hacerse cargo de su verdad de forma autónoma, sin necesidad de que una abogada le diga nada. 

Los mecanismos de la justicia no nos están ofreciendo reparación, sino lo contrario: revictimización. Probablemente porque mi reparación pasa por ver publicada mi verdad y ponerme en conversación con otras que han publicado su verdad o que se ven reflejadas en la mía. La verdad de las mujeres es soberana. La verdad de todo ser humano es soberana. Solo faltaría que no tuviéramos derecho a la verdad.

El sistema judicial, en cambio, es un sistema opresivo. El sistema judicial nunca nació para dar libertad ni verdad a las mujeres; el sistema judicial nació para controlarnos, controlar nuestro relato y nuestros cuerpos, igual que el sistema policial. No podemos confiar en el sistema judicial. Otra cosa es que lo utilicemos.

Hay una construcción cultural que nos lleva a interpretar que el poder judicial es un poder que está para ampararnos. Eso no es cierto. Si fuera cierto, nos habrían amparado. De la misma manera que los medios de comunicación no están para comunicar nuestra realidad. Si fuera cierto, habrían comunicado nuestra realidad y no tendríamos que haberlo hecho nosotras. De la misma manera que los partidos políticos, los tribunales, etcétera, no están para darnos autonomía.

Y, de repente, aparecen las redes sociales. Que demuestran que el movimiento republicano, el movimiento contra la Iglesia católica por los abusos sexuales, el movimiento de la memoria, todos los familiares de represaliados y represaliadas del franquismo que tienen a sus familiares en las fosas comunes todavía sin exhumar, los contrarios a la monarquía borbónica y las mujeres, los pobres, las pobres, las junkies, las mujeres en general, no están representadas en una sociedad, que decidió dejarnos al margen del relato. 

Nosotras no estamos representadas y no hemos tenido derecho a decir la verdad, pero no porque no pudiéramos decirla, sino porque no teníamos los lugares para hacerlo.

Si se te cierran los canales, esa verdad deja de existir. Y no les hace falta mentir. Yo siempre digo: lo contrario de la verdad no es la mentira, es el silencio. Lo más bestia es que esa construcción del silencio sobre las violencias que ejerce el Estado o que el Estado permite que se ejerzan hace que ni siquiera sea necesaria la mentira sobre nosotras o sobre cualquier otro grupo castigado por los medios de comunicación.

Como comunicadora experta en analizar el discurso público y político, ¿qué tipos de narrativas o testimonios has detectado que detonan más debates sociales? ¿Hay temas tabú dentro de la violencia sexual que, cuando salen a la luz, rompen más el silencio que otros?

Sí. Y fíjate que no son los más bestias. Son temas mucho más pequeños que, por comunes y silenciados, generan movimientos muy nutridos. Un ejemplo sería algo así como cuando el padre, que le toca tener a la niña o al niño en casa y, a la hora de devolverlo, después de una semana o del fin de semana con él, lo devuelve desnudo, completamente desnudo en la calle, o con la ropa rota, absolutamente rota a tijeretazos. Esto es algo habitual. Y, cuando aparecieron los primeros relatos, fue un boom, porque de repente miles de mujeres se sentían por fin reconocidas. Hay algo que el silencio consigue: no denuncias aquello de lo que te crees única víctima. 

Esos relatos que, en principio, no son tan bestias y dudo que fueran punibles, generan unos movimientos tremendos. Esas mujeres se quitan un peso de encima que no os podéis imaginar. De repente se dan cuenta de que ni es culpa suya ni su pareja o expareja es el único mierda que hace ese tipo de cosas, sino que, además, es algo habitual. Te despojas, de alguna forma, de esa vergüenza que te da el estar sola, sentirte sola.

Yo sufrí violencia sexual en la infancia, grave, en familia. Y hasta que no leí los relatos de #Cuéntalo no dejé de pensar que yo era un ser abominable, la única persona a la que le había pasado eso en el mundo y, además, que merecía ser castigada. Creía que merecía toda la violencia que iba recibiendo a medida que construía mi vida porque era un ser abominable, la única mujer en este mundo a la que le había pasado eso.

En el momento en que rompemos el silencio, –yo lloré como una bestia–, nos damos cuenta de que no somos un caso excepcional. Dejamos de torturarnos por la noche y pasamos a formar parte de una colectividad que no solo puede dialogar con nosotras, sino que nos despoja de la culpa, de la vergüenza y de esa piedra que tienes en la garganta que te impide contarle al de al lado lo que viviste.

Y ahí, además, hay otra capa: si una abogada va a denunciar eso y tiene doscientos casos más parecidos para justificar ante el juez que es una estrategia de violencia del padre contra la madre, etcétera, ya no es lo mismo que si el juez se lo encuentra aislado y piensa: “Bueno, te casaste con un marciano, carga con ello”. Pasa a convertirse en violencia, en un tipo de violencia. Por eso es importante este tipo de movimientos.

La Nuestra despega
La Nuestra despega Llámala Revolución

Ante la polarización y auge ultraderecha, espacios seguros

Vivimos tiempos de polarización extrema, auge de la ultraderecha y una maquinaria de desinformación y bulos que a menudo ataca al feminismo. ¿Cómo se blinda “La Nuestra” ante estos ataques? ¿Cómo se construye un “espacio seguro digital” real cuando el entorno exterior es tan hostil?

¿Puede haber ataques? Puede haber. Así que la herramienta está construida con una arquitectura de seguridad muy estricta, con diversos nodos en distintos sitios, para que si cae uno recupere el otro y, si no, recupere el otro, etcétera. Es una herramienta desagregada. Pero te voy a decir una cosa y espero no equivocarme: los testimonios de las mujeres importan tan poco a los hombres, que ni nos atacan.

Yo no he recibido ataques en mi cuenta. He recibido tres cierres de Instagram, que consideraba que yo, al relatar una mujer lo que le hacía su padre o su abuelo, estaba difundiendo pornografía infantil. Pero no he tenido ataques directos a los testimonios.

En Instagram puedo llegar a tener hasta 50 millones de visualizaciones. Lo normal sería un porcentaje elevado de ataques. Pues no los tengo y no los tienen los testimonios. Tengo uno, dos al mes. Es bastante poco. No interesan. Yo creo que a los hombres no les interesa, insisto, mirar nuestros relatos ni siquiera para atacarnos. 

No sostienen la mirada. Desde luego, los varones violentos no pueden sostener la mirada ante la multiplicación de testimonios. Estos señores pueden refutar el testimonio de una mujer, el de diez, el de cien, el de veinticinco mil… Pero el testimonio de varios millones a la vez es muy difícil. Es imposible. Es irrefutable. Eso hace que no se asomen a los testimonios.

Las redes sociales revictimizan y censuran palabras clave relacionadas con violencia sexual, como te ha pasado con Instagram, pero a la vez permiten el discurso de odio. ¿Crees que este tipo de censura algorítmica es una nueva forma de violencia contra las mujeres? ¿Cómo combate “La Nuestra” esta dinámica?

Por supuesto que es violencia. El señor Twitter, el señor Instagram y el señor Meta no crearon las redes sociales para que las mujeres nos relataramos y, muy concretamente, relatáramos las violencias sexuales vividas. Al principio, no le dieron la importancia que tenía. Se quedaron tan estupefactos que tardaron tres años en reaccionar. Pero reaccionaron.

Este archivo que estamos construyendo necesita su paz, necesita su tranquilidad

Ante ello, cuando tú generas tus propios algoritmos, llamémoslos así, o tendencias, o usos de la máquina, de la herramienta, los que mandan son los tuyos, no los de Elon Musk. A pesar de que las redes están concebidas para la violencia contra las mujeres y para que prime el odio y la violencia, “La Nuestra” tiene sus propios algoritmos, y sus algoritmos tienen que ver con el match, con el diálogo entre mujeres y con el poner en contacto a mujeres con testimonios parecidos. 

El movimiento testimonial es importante y crece porque no se ha tenido en cuenta por parte de los varones. Y porque la única respuesta que ha tenido por parte de los grandes medios de comunicación ha sido el ostracismo o la crítica feroz. Si se queda como “ese espacio de las chicas que se cuentan”, estupendo, porque este archivo que estamos construyendo necesita su paz, necesita su tranquilidad.

En INSPIRE trabajamos sobre capacidades democráticas que emergen cuando comunidades participan en procesos de decisión: agencia para hablar en primera persona, capacidad de incidencia sobre reglas y cambios, práctica de la co-gobernanza, escucha radical y responsabilidad compartida. En “La Nuestra”, las mujeres no solo comparten memoria: están decidiendo protocolos, diseñando un espacio seguro y definiendo cómo se protege y se usa un archivo vivo. ¿Qué capacidades democráticas dirías que se activan cuando una comunidad construye la gobernanza de su propio archivo? 

Yo creo que lo primero que se hace es refutar la idea de que cualquier democracia tiene que ser capitalista y jerárquica. Y, para mí, con eso bastaría, aunque hay más.

Nos han vendido la idea de que toda democracia es impepinablemente capitalista, jerárquica y vertical. Es decir, una construcción macho de patriarcado en sentido estricto. Y lo contrario es China, Rusia y el caos. Y no es cierto. 

Existe la posibilidad de crear mecanismos colectivos de participación. Esos mecanismos colectivos de participación sencillamente tienen que estar claros y las decisiones tienen que ser tomadas por el colectivo. Hay que establecer unas normas fundamentales básicas que no tienen que ver con las construcciones de partidos, ni con las construcciones de distintos núcleos que, en algunos casos, algunos movimientos feministas han querido repetir. Podemos participar sin necesidad de unirnos en bloques. Cabe la posibilidad, con las tecnologías de participación directa, de construir una democracia que no sea jerárquica.

En ese sentido, se refuta la idea del capitalismo. Ya no del capitalismo salvaje actual, del capitalismo ultra rico, sino del capitalismo como construcción opuesta al comunismo o a la idea del comunismo aplicado. Estamos proponiendo otra manera de funcionar por medio de lo colectivo que intenta que haya un aroma a otras formas posibles no utópicas.

El proyecto está en la recta final de la primera fase del goteo, de la campaña de crowdfunding. Para quienes lean o escuchen esta entrevista y piensen “esto no va conmigo, ya hay muchas redes sociales, no me resuena”… ¿qué les dirías para que entiendan la importancia de “La Nuestra” como herramienta de autodefensa feminista?

“La Nuestra” no es solo una red social, es también una red social, pero a la vez confronta la idea de que una red social es algo construido por un hombre blanco, rico, heterosexual, de puertas para afuera, que impone una jerarquía de control y extractivismo.

“La Nuestra” es la posibilidad de organizarnos desde otro lugar y de utilizar las tecnologías para el bien, para lo colectivo, y generar voces que, hasta este momento, no habían tenido posibilidad ni reflejo público.

“La Nuestra” podría incluso no funcionar, y sin embargo el trabajo de “La Nuestra” ya está hecho. El trabajo de “La Nuestra” es recopilar y dar voz a las mujeres. Si no se llega ahora, se llegará en otro momento, porque cae por su propio peso. Porque hay grupos humanos que necesitamos salir del silencio que impuso la tecnología de la imprenta.

La sociedad de la imprenta impuso un silencio a las mayorías y la creación de pequeñas jerarquías de voz, que eran macho, y que dieron lugar a estructuras económicas de represión brutal y a estructuras de represión contra los cuerpos de las mujeres y contra nuestra soberanía.

En este momento cabe la posibilidad de romper eso. Si a alguien, en algún momento, se le ocurre cómo romper cualquier tiranía, es una obligación ética hacerlo.

  • Quieres ser comadre de La Nuestra

La Nuestra necesita manos, voces y compromiso para existir fuera de las plataformas extractivas: para sostener un archivo vivo, seguro y gobernado por quienes lo construyen.

Hazte comadre de La Nuestra

Alt text contact es

¡Colaboremos!

Nos encantaría conocerte y nuestro personal experto estará encantado de responder a todas tus preguntas. ¡Contáctanos!