Entrevistas
Juliana Souza La codificación de testimonios de violencia contra las mujeres como ejercicio de cuidado y reparación
Juliana Souza es investigadora posdoctoral en el Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universitat Pompeu Fabra, especializada en políticas de género y diversidad sexual, desigualdades y disputas discursivas en los ámbitos mediático, parlamentario y educativo. Con formación en artes escénicas, ciencias políticas y una amplia experiencia en análisis de contenido y metodologías feministas e interseccionales, es la responsable de codificar los testimonios de la comunidad de LaNuestra. En esta entrevista reflexiona sobre cómo transformar relatos profundamente personales en conocimiento estructurado sin descontextualizarlos ni traicionar las voces de quienes los comparten, abordando la codificación como un ejercicio de rigor analítico, cuidado, protección y reparación colectiva.
Conocimiento situado y análisis de contenido feminista
Te defines como especialista en análisis de contenido y metodologías feministas e interseccionales. ¿Qué implica esta especialización al trabajar con testimonios de violencia de género? ¿Cómo condiciona la forma en que se interpretan estos relatos?
Juliana: Uno de los principios fundamentales de las perspectivas feministas es comprender que el conocimiento siempre se produce desde una posición determinada. Nunca nos aproximamos a una investigación como si fuéramos una página en blanco. La idea de que la investigación académica puede ser completamente neutral u objetiva es engañosa. Todas las personas tienen sus propias historias y experiencias, y estas conforman el repertorio desde el que interpretamos el mundo.
Trabajé durante catorce años en un sindicato en Brasil, donde impartía formaciones sobre sindicalismo, género, juventud y otros temas, generalmente desde la perspectiva de las personas trabajadoras. Mi formación de grado es en artes escénicas, y creo que eso me ayudó a desarrollar una mirada empática hacia las personas y sus experiencias. Mi máster y mi doctorado son en ciencias políticas, y durante esa etapa desarrollé investigaciones sobre género y diversidad sexual utilizando análisis de contenido.
También participé en un grupo de investigación que realizó un análisis de contenido de la serie de Netflix Orange Is the New Black. Esa experiencia me enseñó que el análisis de contenido no tiene por qué limitarse a textos escritos formales. Puede utilizarse para identificar información sutil que se comunica de manera indirecta o que no aparece expresada explícitamente.
La perspectiva feminista no reside en la herramienta en sí misma. No existe una única herramienta que sea inherentemente feminista o interseccional
Esta trayectoria me ha resultado muy útil en el proyecto LaNuestra. Los testimonios contienen información emocional y política, además de conocimiento encarnado. Estas mujeres han vivido las experiencias que describen. Hablan de una realidad que conocen a través de sus propios cuerpos, y no desde la posición de alguien que estudia teóricamente la violencia de género sin haberla experimentado. Por eso no podemos abordar los testimonios simplemente como información en bruto de la que extraer cifras y porcentajes.
Combinar el análisis cuantitativo y cualitativo
¿Qué métodos has aplicado específicamente en LaNuestra?
Juliana: La perspectiva feminista no reside en la herramienta en sí misma. No existe una única herramienta que sea inherentemente feminista o interseccional. Casi cualquier método puede utilizarse desde una perspectiva feminista. Lo importante es cómo se utiliza la herramienta, qué fundamentos teóricos orientan la investigación y cómo se organiza el proceso en su conjunto.
Nuestro trabajo parte de la idea de que el conocimiento es situado y de que la reflexividad es esencial. Yo elaboré el primer documento de codificación, pero el sistema fue desarrollado colectivamente por un equipo de tres personas. Cada una codificó de forma independiente los mismos testimonios. Después celebrábamos reuniones de cuatro o cinco horas para debatir cada desacuerdo, duda o contradicción. El libro de códigos se construyó paso a paso mediante este proceso colectivo.
La perspectiva feminista está, por tanto, presente en las bases de la investigación, en la forma en que se toman las decisiones y en la organización del proceso de codificación, no simplemente en la aplicación de una herramienta concreta.
Rigor analítico e impacto emocional del trabajo
Tú y tu equipo trabajáis con testimonios que contienen rabia, trauma, violencia y miedo. ¿Cómo mantenéis el rigor analítico al trabajar con un material tan explícito y emocionalmente exigente?
Juliana: El propio proceso de anonimización fue extremadamente exigente. No bastaba con eliminar nombres o profesiones. Había que revisar cuidadosamente cualquier información que pudiera permitir identificar a una persona. La descripción del lugar o de las circunstancias de la violencia también podía revelar una identidad. Así, los testimonios eran revisados por el equipo de anonimización, después por un equipo jurídico y posteriormente volvían a revisarse. El objetivo era impedir la reidentificación y proteger a las mujeres que habían compartido sus experiencias.
La codificación añadió otra capa emocionalmente exigente. Un único testimonio podía tener que leerse treinta o cuarenta veces, porque la hoja de cálculo estaba organizada por categorías. Primero lo leíamos para identificar el tipo de violencia. Después volvíamos a leerlo para determinar dónde se había producido, quién estaba implicado, qué emociones se expresaban, etcétera.
Este proceso sistemático no significa convertir los testimonios en algo mecánico ni eliminar su contexto emocional. Es una forma de hacer explícito y coherente el procedimiento analítico. Aun así, la exposición repetida a relatos gráficos de violencia resulta muy difícil.
Es imposible pasar días enteros leyendo testimonios de violencia de género sin verse afectada
Cada persona tiene determinados temas que le afectan con mayor intensidad. En mi caso, los testimonios relacionados con niños y niñas eran especialmente duros. A veces tenía que dejar de trabajar. Inicialmente, las rondas de codificación se planificaban para durar dos o tres semanas, pero a menudo necesitábamos más tiempo porque las personas tenían que parar y recuperarse.
Todas las personas implicadas en la codificación estaban en terapia. Era importante por el riesgo de trauma vicario: el trauma que puede afectar a investigadores o profesionales que se relacionan repetidamente con las experiencias traumáticas de otras personas. Es imposible pasar días enteros leyendo testimonios de violencia de género sin verse afectada.
Cuando los testimonios no encajan en las definiciones legales
¿Qué ocurre cuando una experiencia no encaja en las definiciones legales existentes? ¿Encontrasteis situaciones que no podían describirse adecuadamente mediante categorías jurídicas?
Juliana: La primera etapa de construcción del libro de códigos consistió en revisar la legislación estatal española, la legislación de las comunidades autónomas y los marcos jurídicos europeos relevantes en materia de violencia de género.
Esto requirió muchas horas de lectura y comparación, porque las distintas leyes separan, definen y nombran las formas de violencia de maneras ligeramente diferentes. También nos reunimos con expertas académicas que estudian la violencia de género para incorporar formas de conocimiento que normalmente no aparecen en la legislación.
Cuando alguien habla de una violencia que ha sufrido, normalmente no utiliza lenguaje jurídico
Habla mediante un lenguaje emocional, arraigado en cicatrices físicas y psicológicas. No necesariamente identifica una experiencia como acoso sexual, coacción u otra categoría jurídica concreta. Describe lo que sucedió de la manera que considera importante.
El reto consistía, por tanto, en articular tres estructuras: las definiciones legales, el conocimiento experto y el lenguaje utilizado en los testimonios.
Qué permite hacer el libro de códigos
Más allá de categorizar testimonios, ¿qué puede hacerse con el libro de códigos? ¿Por qué es importante?
Juliana: Muchos testimonios de violencia institucional no solo describen el fracaso de las instituciones a la hora de tramitar una denuncia, sino también la forma en que son tratadas cuando buscan ayuda. Agentes de policía u otros profesionales pueden preguntarles qué ropa llevaban, por qué habían bebido o por qué se encontraban en un lugar determinado.
El libro de códigos sitúa las voces de las mujeres en el centro y, al mismo tiempo, produce conocimiento que puede contribuir a la sensibilización y a la prevención
Uno de los testimonios, por ejemplo, terminaba con una mujer advirtiendo a otras de que, si un hombre se comportaba de una determinada manera, debían prestar atención, hablar con alguien y no ignorarlo.
Los movimientos feministas explican a menudo que los agresores aíslan a las mujeres de sus amistades y familiares. Sin embargo, también existen comportamientos más sutiles mediante los cuales ese aislamiento se construye gradualmente. La violencia no suele comenzar con un golpe. Se desarrolla lentamente. El agresor debilita la confianza de la persona, la hace dudar de sí misma y la lleva a pensar que es irracional, que está confundida o que no recuerda correctamente los acontecimientos.
Estos patrones de violencia psicológica pueden terminar conectándose con la violencia física. Un mayor conocimiento sobre el proceso puede ayudar a las mujeres a reconocer antes las señales de alarma.
Salvaguardas para las participantes y las investigadoras
¿Qué salvaguardas son necesarias para proteger tanto los testimonios como a las investigadoras que trabajan con ellos?
Juliana: Todas las personas que participaron en la anonimización firmaron un acuerdo de confidencialidad. Las demás personas involucradas en el proyecto asumieron el mismo compromiso. Esto proporciona protección jurídica al proyecto, pero, sobre todo, contribuye a mantener la seguridad de la información.
Cristina Fallarás también estableció una colaboración con el Ministerio de Justicia para registrar y publicar la colección anonimizada de aproximadamente 5.000 testimonios. Además, ha publicado testimonios en un libro.
El registro formal es importante porque una respuesta habitual frente a los relatos de violencia de género consiste en afirmar que las historias han sido inventadas o exageradas. Registrar el material anonimizado proporciona una constancia de que esas experiencias fueron comunicadas.
La colección también funciona como contrapunto a la información oficial existente. Los informes oficiales pueden señalar que un determinado porcentaje de mujeres sufrió violencia de género durante la infancia, pero los testimonios sugieren que la prevalencia puede ser considerablemente mayor.
Esta es una de las contribuciones más importantes del proyecto. Los testimonios pueden ayudar a las mujeres a identificar violencias que previamente habían naturalizado
Para las investigadoras, la protección no se limitaba a la terapia. Durante las reuniones destinadas a debatir desacuerdos en la codificación, también reservábamos tiempo para hablar sobre el impacto emocional de determinados testimonios. Alguien podía decir que un relato había sido especialmente difícil, que le había afectado personalmente o que había tenido que dejar de trabajar durante un tiempo.
Como persona encargada de coordinar parte del proceso, también recibía mensajes privados de las codificadoras explicando que no podían cumplir un plazo porque el material se había vuelto demasiado abrumador. Había que respetar esos límites.
En el caso de las mujeres que leen testimonios de violencia de género, el material suele activar recuerdos personales. Aunque lleves muchos años siendo activista feminista y hayas estudiado extensamente el tema, puedes encontrarte con un testimonio y reconocer de repente que algo parecido también te ocurrió a ti.
Por eso creamos espacios de debate colectivo, respetamos los ritmos individuales de trabajo y ajustamos los plazos cuando era necesario. Los proyectos siguen funcionando dentro de un mundo marcado por fechas límite y expectativas de productividad, pero un proyecto feminista no puede reproducir las mismas estructuras perjudiciales que critica.
Cristina siempre dejó claro que cumplir un plazo era deseable, pero que las personas que participaban en el proceso eran más importantes. Ese es uno de los aspectos del proyecto que más admiro.
LaNuestra como comunidad de cuidados y reparación
¿Qué esperas del futuro de LaNuestra? ¿Cómo puede contribuir el proyecto en un mundo cada vez más polarizado?
Juliana: Una de las razones por las que me siento orgullosa de participar en LaNuestra es la forma en que estamos planteando la comunidad. Estamos creando un espacio basado en el amor, los cuidados y el apoyo mutuo: un espacio seguro para mujeres y personas no binarias.
Es difícil encontrar este tipo de entorno en internet. Cuando alguien habla públicamente sobre violencia de género, los comentarios suelen incluir a personas que niegan la experiencia, acusan a la persona de buscar atención o atacan su credibilidad. LaNuestra puede ofrecer un espacio en el que las personas puedan hablar a su manera y compartir detalles que quizá no se sientan capaces de revelar en otros lugares.
Esto puede formar parte de un proceso de sanación. Los debates sobre justicia suelen incluir la reparación como un componente fundamental. La reparación se asocia habitualmente a los procedimientos judiciales y al castigo del agresor, pero los testimonios revelan que pueden surgir otras formas de reparación cuando las mujeres leen las historias de otras mujeres y hablan entre ellas.
LaNuestra tiene el potencial de convertirse en un espacio de reparación, además de en un espacio protegido para el testimonio.
También queremos ofrecer apoyo práctico. Una mujer puede querer presentar una denuncia formal, pero no encontrar a nadie dispuesto a escucharla, especialmente porque la violencia institucional es muy habitual.
El proyecto aspira a facilitar el acceso a abogadas, médicas y psicólogas que trabajen desde una perspectiva feminista y que escuchen sin negar ni minimizar la experiencia vivida por la mujer.
La evolución de la identidad visual del proyecto, desde la primera campaña de crowdfunding hasta la segunda, también refleja este énfasis en el amor y la comunidad. Queremos enfrentarnos a los aspectos más violentos de la sociedad mediante la solidaridad y los cuidados creados en este espacio.
Existe una frase muy conocida: “Si no puedo bailar, no es mi revolución”. Y yo creo que es cierta. Para las mujeres que han sobrevivido a la violencia, poder encontrarse, bailar y disfrutar sin temer lo que alguien pueda hacer con sus cuerpos o sus reputaciones es, en sí mismo, algo poderoso. Es otra forma de construir seguridad, libertad y reparación colectiva.